¿Qué pedir en un bar?

¿Qué pedir en un bar?

Esa es una pregunta que me suelen hacer bastante a menudo sobre todo cuando llega el buen tiempo. Y es que el verano es una época en que se presta más el quedar con amigos en una terracita de un bar…y tomar algo. Pero la pregunta del millón cuando intentas cuidar tu alimentación ante esta situación es “Marta, ¿qué puedo pedir en un bar?”.

La respuesta no es sencilla.

¿Para qué quieres tomar algo?

Primero de todo tienes que preguntarte qué pasa si vas a tomar algo, y qué rol vas a representar. Es decir, con las personas que vas, ¿cómo te sientes? Es evidente, por ejemplo, que si yo voy con mi marido y mis hijos a tomar algo, no me importará pedir algo que me haga sentir “rara”; en cambio, si voy con compañeros de trabajo de mi marido, querré pasar desapercibida y no llamar mucho la atención.

Entonces, la pregunta es ¿cómo me siento con las personas con las que voy a tomar algo? Deberíamos de sentirnos siempre libres de tomar las decisiones que nosotras creamos. No me sirve “me pido una cerveza porque todos los otros se piden cerveza”. Si te la tomas, que sea porque realmente te apetece.

Y siguiendo con el “para qué”, ¿necesitas ir a tomar algo? Estoy segura que si en tu día a día te cuidas, comes suficiente sano y rico, descansas, te mueves, etc., una cerveza un día a la semana no va a hacer que rompas nada.

¿Con qué frecuencia vas a tomar algo? Una vez un chico que venía a mi consulta de pronto se estancó. No entendíamos qué estaba pasando hasta que le pedí un registro escrito para determinar si esos “extras” que hacíamos en nuestra dieta flexible tenían algo que ver. Obviamente, tenían que ver: su quedada del finde con los amigos empezaba nada menos que el jueves por la noche y terminaba el domingo. Por mucho que cuidáramos la alimentación entre semana, la mayor parte de su tiempo (casi cuatro días/semana) comía y bebía en exceso.

Algunas ideas:

Una vez has entendido que si sales y pides en un bar tienes todo el derecho a manifestar tus gustos y decisiones, no tengas vergüenza, pide por esa boquita. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Nada.
Si estás en un bar o terraza de tu ciudad, tendrás más opciones que las que te pueda ofrecer, en general, un pueblo. Algunas de ellas son:
– zumo de tomate natural
– agua saborizada
– agua con gas y una rodajita de limón
– agua (con o sin gas) y pide que te traigan medio limón para escurrírtelo en el vaso
– infusiones o tes con hielo picado y hierbas aromáticas
– café con hielo.
No son mejores opciones los refrescos light, bajos en calorías o sin azúcar. En este reciente estudio puedes ver cómo las opciones light de los refrescos están igualmente asociados a altas tasas de obesidad, sobrepeso y diabetes.

Y la úlmitam opción, si vas a una terraza de vez en cuando, y te apetece un montón…¡tómate lo que quieras! Opciones saludables en un bar tradicional no hay, porque el concepto del bar, ya no es saludable. Por lo tanto, quizá sería mejor opción cambiar la frecuencia del mismo que no la elección del refresco.

¿Cómo llevas tú este tema? ¿Te supone un problema pedir en un bar? ¿Qué sueles tomar?
Mindful eating

Mindful eating

Es probable que hayas oído hablar mucho sobre alimentación consciente o mindful eating…pero, ¿realmente sabes en que consiste esta disciplina? 

Para hablar de mindful eating primero debemos entender que es mindfulness y una de las definiciones más conocidas habla de “prestar atención de una manera especial: intencionadamente, en el momento presente y sin juzgar” (Kabat-Zin,1990). 

Es importante resaltar que mindfulness no se trata de dejar la mente en blanco, ni tratar de obviar emociones y tampoco una técnica de relajación. Se trata sin más de aceptar los pensamientos tal como vienen, sin juzgarlos, para así, simplemente observarlos desde un lugar de permiso. Se trata de mirarnos desde fuera, ya que por si no lo sabéis, os adelanto que “nosotros no somos lo que pensamos”. 

Esto aplicado a la alimentación, básicamente se basa en disfrutar de todo el proceso de nutrir el cuerpo y empieza desde el momento en que nos viene a la cabeza lo que nos vamos a comer, hasta que tenemos la comida dentro de la boca. En definitiva, se trata de poner consciencia plena en todo lo que pueda estar influenciándonos en hacer unas elecciones u otras, con el objetivo de liberarnos de la culpa que a veces puede aparecer por no haber sabido escuchar las señales internas del cuerpo que nos dicen como, cuando y cuánto comer.

Se trata de una práctica vinculada al autocuidado y surge de las ganas del individuo a ser responsable con todo lo referente a su bienestar. Vincular alimentación consciente con perdida de peso no sería apropiado, ya que dicha práctica esta basada en aprender a ser flexibles con nosotros mismos, permitiéndonos darle al cuerpo lo que necesita a través de la escucha del mismo. Esta escucha deriva de los pensamientos, pero también de las emociones y sensaciones que experimentamos en nuestro cuerpo y precisamente son en estos dos últimos, donde la práctica de esta disciplina pone el foco, ya que la rueda de la vida en la que estamos inmersos, nos hace vivir constantemente en piloto automático y no permitirnos ver más allá de nuestros pensamientos. 

Acercarnos a nuestras sensaciones físicas y emociones de una forma amable con respecto a los alimentos, nos conducirá a mejorar nuestros comportamientos entorno a la comida. Que el mismo acto de comer se convierta en un momento en el que se presta atención plena, sin juzgar y simplemente centrándonos en explorar las sensaciones que nos provocan los alimentos, nos llevará a reconocer lo que nuestro cuerpo nos pide y a saber nutrirlo de la forma adecuada. 

Para poder entender esto último, la autora del libro “Comer atentos”, Jan Chozen Bays, pediatra de la Universidad de Harvard, lo define a la perfección en sus páginas haciendo la distinción entre los distintos tipos de hambre que existen ayudando así a esclarecer los distintos comportamientos alimentarios con los que podemos sentirnos identificados. Se trata de siete formas diferentes: 

  • Hambre olfativa: se sacia a través de la fragancia
  • Hambre bucal: se sacia a través de las sensaciones
  • Hambre visual: se sacia a través de la belleza

Estos tres tipos anteriores pertenecen al tipo de hambre sensorial que están vinculadas con el apetito y deben existir para garantizar nuestra supervivencia. 

  • Hambre de corazón: se sacia a través de nutrirnos emocionalmente y todo lo vinculado con el placer de comer
  • Hambre estomacal: se sacia a través de los grupos de alimentos en cantidades adecuadas y las percibimos por ejemplo por el rugir de nuestras tripas.
  • Hambre celular: se sacia a través de nutrir nuestras células del cuerpo y la percibimos cuando están bajas de energía con síntomas como el cansancio, irritabilidad, etc.
  • Hambre mental: la forma de saciarla es a través de conseguir calmar la mente, lo cual solo lograremos haciéndonos conscientes de nuestros pensamientos y dejándolos ir, sin que nos influyan en nuestras decisiones.

Con todo esto, te animo a que si sientes curiosidad y te apetece adentrarte en el maravilloso mundo de la consciencia plena, empieces por esta magnifica lectura que te ayudará a conocer mejor esta disciplina y te asentará las bases para quizás poder empezar a tener una buena relación con la comida. También te puede interesar el artículo “Cómo superar el comer emocional”.

 

¿Cuéntame, sabrías decir qué tipo de hambre sientes cuando comes?
¿Crees que comes haciendo otras cosas o por el contrario, tomas consciencia del
momento presente?
Cómo superar el comer emocional

Cómo superar el comer emocional

“Para estar sano y delgado lo único que hay que hacer es moverse y cerrar la boca”. Fuera tan fácil, ¿verdad? Yo misma a menudo como no porque mi cuerpo lo necesite, ni porque tenga hambre fisiológica, sino porque necesito calmar mis emociones. Esto es el comer emocional.

Comemos para celebrar, para hacer algo, para reunirnos… comer es una necesidad, un acto social y también una expresión de nuestras emociones. Hoy te quiero explicar cómo mejorar tu relación con la comida, superar esa adicción y gestionar mejor el comer emocional.

Comemos emociones

Fíjate en qué sientes cuando comes. Según G. Herrero & A. Andrades se estima que hay un centenar de emociones relacionadas con la comida. Así, seguro que te suena el haber comido alguna vez por rencor, por castigo, por orgullo, por tristeza…
De hecho, de pequeñitos nos han enseñado a premiarnos con la comida (“si te terminas las espinacas te doy chocolate”) e incluso nos hemos premiado o consolado con ella (“he tenido un día duro de trabajo, pues me como un donut porque me lo merezco”).

El cambio

Estoy segura que si sufres atracones, si tienes una adicción a la comida, si, en definitiva, te comes tus emociones, sientes que estás en una rueda sin salida, que lo intentas y cada vez el ciclo se va haciendo más grande.
Pero hay solución. Te lo prometo. En Nutrihelp vemos muchas personas en esta situación y yo misma he tenido que romper este ciclo más de una vez.
El primer paso es ser consciente que quieres un cambio. Toma consciencia auténtica que necesitas cambiar.
Para ello es importante tener muy claro cuáles van a ser los beneficios que te aportará dicho cambio. Haz una lista: cuáles serán los beneficios físicos y emocionales de conseguir superar el comer emocional.
Luego, haz un plan. Bien detallado y realista. Un plan que incluya qué comer sin prohibiciones.
Y repite, repite y repite.
¿Fácil verdad? Ni por asomo. Es un trabajo constante, pero ni de lejos es imposible.

El ciclo

Cuando comemos por hambre emocional lo que sucede es que nuestro cerebro, que ama los hábitos (es más económico funcionar de manera autómata que tomar decisiones constantemente), ha aprendido que cuando X, sucede Y.
Me explico:
El 90% de nuestras acciones diarias son hábitos. Nuestro cerebro está diseñado para aprender repeticiones que economizan nuestra energía.
En algún momento de tu vida, tu cerebro aprendió que, por ejemplo, cuando estabas triste (cuando X), comer chocolate (sucede Y) te consolaba. Así que el aprendizaje fue que ante determinada emoción, necesitabas esa sustancia.
En realidad es mucho más complejo pero visto así, sería tan fácil como reeducar al cerebro, ¿no?
Pues exactamente es eso.
Paso 1: detectar a qué sustancia somos adictos. Fíjate que no tenemos adicciones a alimentos, sino que en realidad son sustancias que contienen diferentes alimentos. Anota qué comes de forma emocianal y de ahí sustrae qué sustancia tienen en común estos alimentos.
Paso 2: nunca jamás te prohíbas esos alimentos (sustancias) de golpe y porrazo. Vamos paso a paso a disminuir la dosis. Prohibirla va a provocar que el desastre sea aún peor.
Paso 3: entiende qué situación es la detonante. Anota qué emoción está detrás de la situación que provoca ese comer emocional. Entender el cuándo va a ayudarnos a crear un “plan B”.
Paso 4: trabaja en ese “plan B”. La idea es buscar alternativas para gestionar la situación detonante de otra manera.
Y si cuando ya has empezado el ciclo del cambio vuelves a comer de forma emocional, no pasa nada, es normal… Sigue con tu rutina y mañana será otro día. Nunca, jamás de los jamases, te sientas culpable ni te hundas porque no has podido.

Te confieso que es más fácil escribir este post que superar el comer emocional…no te voy a vender humo… Pero quiero animarte porque muchas personas, y yo misma, hemos superado ese comer emocional sin restricciones ni prohibiciones; tan sólo entendiendo qué pasa y por qué, y trabajando en alternativas más respetuosas contigo misma.

¿Qué pedir en un bar?

¿Qué pedir en un bar?

Esa es una pregunta que me suelen hacer bastante a menudo sobre todo cuando llega el buen tiempo. Y es que el verano es una época en que se presta más el quedar con amigos en una terracita de un bar...y tomar algo. Pero la pregunta del millón cuando intentas cuidar tu...

Come grasa y sé feliz

Come grasa y sé feliz

Miedo a la grasa.

Había una vez, en un lugar no muy lejano, un pueblo que creía que su planeta, la Tierra, era plano. Alguien dijo que en realidad el planeta era redondo… y casi lo queman en la hoguera. En realidad no sé quién fue el genio, porque Galileo Galilei, como se cree comúnmente, no fue: en esas fechas ya se sabía de la redondez de nuestro planeta. Pero me refiero a que, cuando se nos dice una y cientos de veces una cosa, todos nos la creemos. Aunque sea un trola; aunque sea algo esperpéntico. La verdad es de la comunidad. Ese pueblo creía que la Tierra era plana, ¡saltaba a la vista!, ¿verdad? Pues yo hoy vengo en plan Galileo (o quien fuera el lumbreras). Y digo: LA GRASA ES BUENA.

La grasa no engorda. Lo primero que tienes que entender es por qué engordas. Tu cuerpo almacena energía en forma de grasa cuando comes en exceso. Pero esa grasa que fabrica tu cuerpo como reserva energética, no proviene únicamente de la grasa ingerida, sino también de otros nutrientes energéticos, principalmente, carbohidratos.

¿Por qué se culpó a la grasa?

La dietética convencional partió de la estrategia de reducir kilocalorías para adelgazar. Puesto que la grasa es el nutriente con más kilocalorías por gramo, se entiende el error que se cometió. Porque no fue nada más que eso: un error. Y no podemos culpar únicamente a la grasa de nuestro estado de salud, cuando nuestro metabolismo y nuestro organismo es en realidad tan complejo. La grasa, aunque calórica, es saciante y nos provoca placer. ¿Te suena el típico chiste de la mujer que está a dieta, y por lo tanto está de un humor de perros? Pues eso, que está amargada, la pobre… Le falta grasa.

No es una buena estrategia nutricional comer todo light y desnatado. En una dieta baja en grasas, el efecto saciante es difícil de apreciar. De manera que, tras unas horas de comer ensalada, pollo a la plancha y yogur desnatado, tendrás más hambre y acabarás comiendo más (y de mal humor).

Si hay que culpar a alguien de esta epidemia de obesidad y enfermedades metabólicas, voy a señalar, y gritando, a los dulces, la bollería, los refrescos, el alcohol, etc. Estos son alimentos calóricos no por su grasa, sino por sus azúcares, y faltos absolutos de nutrientes. Calorías extras, vacías de salud.

Pues, ¿cuál es la grasa es buena?
Si un alimento es rico en grasas (por lo tanto, calórico), pero es también rico en otros nutrientes como sus ácidos grasos o su palatabilidad, cómelo. Es sano. Deberías fijarte más en la “salud” que te proporcionará un alimento y no tanto en sus calorías. Me refiero, por ejemplo, al aceite de oliva virgen extra, al aguacate, a los frutos secos, al huevo, al pescado azul… Son alimentos que aunque son ricos en grasa, se asocian a la prevención y el tratamiento de diferentes patologías. Por lo que nada tienen que ver con las calorías vaciás de los procesados.
grasas buenas
Nos equivocamos
Ya lo he dicho en alguna otra ocasión: rectificar es de sabios, y equivocarse, muy humano. Y nos equivocamos. Las grasas no son las malas de la película. Eliminarlas de la dieta nos ha llevado a dejar de consumir alimentos que no sólo no era necesario reducir (sardinas, aguacate, aceite) sino que fue un gran error privarnos de sus maravillas nutricionales. Y por otro lado, se fomentó una especie de fiebre rosa, potenciando productos sin grasa, light, descremados y demás, que no son precisamente saludables. En el reciente informe británico “Eat Fat, Cut The Carbs and Avoid Snacking to Reverse Obesity and Type 2 Diabetes” se concluye así:

La decisión de reducir la grasa de la dieta ha sido uno de los mayores errores de la historia médica moderna, con terribles consecuencias.

Increíble, ¿verdad? Ahora ya lo sabemos. Sólo falta que nos acostumbremos realmente a perder el miedo a la grasa, después de tantos años considerándola mala.
3 puntos clave para mejorar tu estilo de vida

3 puntos clave para mejorar tu estilo de vida

3 puntos para conseguir un estilo de vida saludable

Seguro que quieres hacer más deporte. O quizá sientas que necesitas alimentarte mejor. En definitiva, no acabas de estar a gusto con el estilo de vida que llevas. Pero, ¿sabes exactamente cómo conseguir ese estilo de vida saludable? 

Porque dicho así, parece que es algo casi abstracto; algo que todos queremos conseguir pero no sabemos qué acciones concretas tomar para llegar al mismo.

Te cuento en qué 3 pilares debes focalizarte para ir desgranando acciones que te ayudarán a ser esa healthy people que deseas.

1- Alimentación:

Obvio, cómo una nutricionista no iba a empezar por el plato? 😉

Aliméntate con comida, con alimentos, no con productos. Que tu plato sea sobre todo vegetal, dale al verde y también a otros vegetales de color (cuanto más color tenga tu plato, mejor). No vamos a entrar en detalles porque esto sería un artículo extremamente largo (y aburrido), pero sea cual sea tu opción dietética, procura que sea muy rica en vegetales. Si formas parte del Club V.I.P., por ejemplo, cada semana recibes menús adaptados a tus preferencias y es una forma muy sencilla y práctica de aprender a comer bien.

Cuidado con los reduccionismos nutricionales que apuestan por las virtudes milagrosas de un producto: por ejemplo, el súper aguacate, la súper chía o el súper kèfir. No te alucines, eso son detalles que completan tu dieta, pero los fundamentos deben ser más cuerdos, sostenibles y sencillos.

2- Movimiento:

Ahí, te lo digo clarito: ¿eres una planta o un animal? Pues muévete. La OMS clasifica la inactividad física como la 4ª causa de muerte en el mundo. Moverse es salud. ¡Y punto!

El primer paso antes de intentar iniciarte en un deporte es incluir la actividad física en tu día a día. O sea, muévete, camina más, no estés más de una hora seguida sentado/a, haz la compra sin coche, etc. Una vez ya te has desempolvado un poco el abrigo del sedentarismo, entonces sí es momento de iniciarse en algún deporte. ¿El ideal? Aquél que te enganche, que te guste, que te haga pasar un buen rato. 

3- Felicidad:

¿Qué fácil verdad, que te digan que tienes que ser feliz? ¡Cómo si fuera tan sencillo! Pero oye, te aseguro que si te lo curras, lo vas a ser. 

Intenta recordar todo aquello que te gusta, que disfrutas, por pequeño e insignificante que parezca. La felicidad se encuentra en todos los rincones y recovecos de nuestro día a día: esa ducha calentita con aceites esenciales, ese café en solitario cuando todos duermen, esas risas con tus amigos/as los jueves por la tarde, esos ratos pintando con acuarelas… ¡incluso esos cinco minutos más en la cama desafiando al despertador! 

Todo eso nos hace feliz. 

    Piensa, de estos tres puntos, ¿en cuál flaqueas más? ¿Qué acción puedes mejorar de cada uno de ellos? Empieza por pequeños pasitos, y verás que en menos que canta un gallo ya sabes qué es eso del “estilo de vida saludable”.

    5 pensamientos que debes evitar cuando “te pones a dieta”

    5 pensamientos que debes evitar cuando “te pones a dieta”

    Esto ya suena mal…

    Ponerse a dieta no mola. Conozco personas que siempre que las veo “están a dieta”. Algunas, te lo prometo, incluso lo disfrutan. Es como si les gustara estar al día con las modas dietéticas de las famosas. Yo no le acabo de ver la gracia, la verdad. Pero bueno, la cosa es que esas personas son las menos. Las que más, son el resto: personas, la mayoría mujeres, que siempre se ponen a dieta y fracasan. Pues, va por ustedes:

    5 pensamientos que debes evitar cuando te pones a dieta

     

    Pensamiento 1: ¿El aguacate engorda?

    Quien dice el aguacate, dice la pera, la manzana, el pollo o las sardinas. El pensamiento en sí de que esto o aquello engorde…¡quítatelo de la cabeza! Siendo puristas te diría que menos el agua, todo engorda, ok? Parece complicado pero en el fondo se trata de reconciliarte con la comida. Ella no te engorda. Tampoco te adelgaza. La comida te nutre. Y un exceso de esta, te complica la vida, pero ya está, no hay más. Tienes que acostumbrarte a comer disfrutando de lo bueno de ese alimento, sin tener el radar cuenta-calorías conectado.

    Pensamiento 2: Mi amiga pierde más rápido

    Lo sabes de sobra: las comparaciones nunca han sido buenas. ¡No te compares! Aunque hagas la misma “dieta” que tu amiga o vecina, el resultado nunca será el mismo. ¿Sabes por qué? Porque el tratamiento en sí no depende sólo de lo que comes (o sea, de la dieta) sino también de si te mueves o no, de si descansas bien, de cómo vas de vientre, de tu momento del ciclo menstrual, y además, de en qué hora del día haces tus ingestas*. (*Apunte: esto último se llama cronobiología. Y últimamente me está flipando, pero esto ya será materia para otro artículo…¿Sabes que si tu cena te la tomas a las 7 p.m. o a las 10 p.m. no tendrá la misma respuesta metabólica en tu organismo? Una manzana tiene 52 kcal todas las horas del día, pero tus hormonas no están igual por la mañana que por la tarde… Interesante, ¿verdad?).

    Pensamiento 3: Obsesionarse por los quilos

    Ni te fijes en ellos. Aquí te pido que seas de letras puras. Un sobrepeso u obesidad es más un problema de inflamación corporal que no un problema matemático. Con esto me refiero que el 100% de las veces (ahí estoy radical…) las tallas y el volumen son más exagerados que la cifra que marca la báscula. A ver, ¿tú qué quieres? ¿Verte bonita, sentirte ágil, estar sana y fuerte, o bien pesar… no sé… 65 kg? Ponle el número que quieras ahí. El número en sí no te dará la felicidad. La felicidad se siente.

    Pensamiento 4: Me he saltado la dieta

    ¡Ni que fueras una rana! ¡Aquí uno no se salta nada! Si te apetece una pizza, pues te la comes. Si quieres tomarte una cervecita en una terracita de verano, pues andando. Pero el concepto no es “saltarse” nada. Uno tiene que responsabilizarse de lo que hace y, en este caso, de lo que toma. ¿Qué te crees, que yo estoy siempre con una manzana en la mano o qué? Jeje…no, que a mí también me apetece de vez en cuando tomar algo no-sano. Pero el detalle es que un 80% de mi dieta es sana, y me reservo un 20% por si me apetece algo no-sano. Sin remordimientos. Sin saltos. El pensamiento “me he saltado la dieta” es absolutamente negativo. Te has comido una pizza, vale…, espero que la hayas disfrutado y ahora sigue con lo tuyo, y ya.

    Pensamiento 5: “ponerse a dieta”

    No veas el daño que me hace el propio título de este artículo. Si te pones a dieta estás ya condenada al fracaso. Ponerse a dieta implica que no es para siempre, que hay una fecha de caducidad. Y, ¿qué te crees que va a pasar cuando ya no estés a dieta? Aix…, preciosa mía, ¡que te olvides ya de las dietas! No te pongas a nada. Mira tú que a mí, la propia palabra “dieta” ya me chirría. Incluso a mis clientes les suelo decir “te paso una propuesta de menú semanal” que no “te hago una dieta”. “Dieta” me suena a restricción, a pasar hambre, a contar calorías, a comida insípida… Aunque ya te te lo he contado alguna vez, la palabra dieta no significa eso, pero tiene una serie de connotaciones que no me gustan nada.

    Conclusión:

    Si crees que debes perder peso, no te sientes a gusto con tu cuerpo, no estás ágil o no gozas de buena salud, asesórate con un nutricionista actualizado (esto es súper importante, por favor, que tenemos un panorama en este país…que no veas). Este nutri puede ser alguien como yo, que estaré encantada de ayudarte, alguien que:
    • no te ponga tostadas y pavo para desayunar (si recurre a procesados con pocas calorías y cero nutrientes en la primera ingesta, malo…)
    • no te haga estar pendiente de la comida todo el día: que si un desayuno a las 9h, un media mañana, bla, bla, bla… Todo el día comiendo a menudo y poco va a dejar tus hormonas medio taradas.
    • no te haga pasar hambre. Comer es un placer. Un enorme placer. Un nutri actualizado te enseñará a disfrutar de la comida de verdad. Te saciarás, disfrutarás, y encima, adelgazarás.
    • te enseñe a disfrutar del proceso. No vivas la dieta como el típico chiste de la mujer que está de mal humor, con hambre y pasándolo mal. Dis-fru-ta. No sólo de los menús (alias, dieta) sino también del placer de cuidarte, de mover tu cuerpo, de quererse y de responsabilizarte de tu salud física y mental.
    No te pongas a dieta. Mejora tus hábitos.
    ¿Qué pedir en un bar?

    ¿Qué pedir en un bar?

    Esa es una pregunta que me suelen hacer bastante a menudo sobre todo cuando llega el buen tiempo. Y es que el verano es una época en que se presta más el quedar con amigos en una terracita de un bar...y tomar algo. Pero la pregunta del millón cuando intentas cuidar tu...

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