“Para estar sano y delgado lo único que hay que hacer es moverse y cerrar la boca”. Fuera tan fácil, ¿verdad? Yo misma a menudo como no porque mi cuerpo lo necesite, ni porque tenga hambre fisiológica, sino porque necesito calmar mis emociones. Esto es el comer emocional.

Comemos para celebrar, para hacer algo, para reunirnos… comer es una necesidad, un acto social y también una expresión de nuestras emociones. Hoy te quiero explicar cómo mejorar tu relación con la comida, superar esa adicción y gestionar mejor el comer emocional.

Comemos emociones

Fíjate en qué sientes cuando comes. Según G. Herrero & A. Andrades se estima que hay un centenar de emociones relacionadas con la comida. Así, seguro que te suena el haber comido alguna vez por rencor, por castigo, por orgullo, por tristeza…
De hecho, de pequeñitos nos han enseñado a premiarnos con la comida (“si te terminas las espinacas te doy chocolate”) e incluso nos hemos premiado o consolado con ella (“he tenido un día duro de trabajo, pues me como un donut porque me lo merezco”).

El cambio

Estoy segura que si sufres atracones, si tienes una adicción a la comida, si, en definitiva, te comes tus emociones, sientes que estás en una rueda sin salida, que lo intentas y cada vez el ciclo se va haciendo más grande.
Pero hay solución. Te lo prometo. En Nutrihelp vemos muchas personas en esta situación y yo misma he tenido que romper este ciclo más de una vez.
El primer paso es ser consciente que quieres un cambio. Toma consciencia auténtica que necesitas cambiar.
Para ello es importante tener muy claro cuáles van a ser los beneficios que te aportará dicho cambio. Haz una lista: cuáles serán los beneficios físicos y emocionales de conseguir superar el comer emocional.
Luego, haz un plan. Bien detallado y realista. Un plan que incluya qué comer sin prohibiciones.
Y repite, repite y repite.
¿Fácil verdad? Ni por asomo. Es un trabajo constante, pero ni de lejos es imposible.

El ciclo

Cuando comemos por hambre emocional lo que sucede es que nuestro cerebro, que ama los hábitos (es más económico funcionar de manera autómata que tomar decisiones constantemente), ha aprendido que cuando X, sucede Y.
Me explico:
El 90% de nuestras acciones diarias son hábitos. Nuestro cerebro está diseñado para aprender repeticiones que economizan nuestra energía.
En algún momento de tu vida, tu cerebro aprendió que, por ejemplo, cuando estabas triste (cuando X), comer chocolate (sucede Y) te consolaba. Así que el aprendizaje fue que ante determinada emoción, necesitabas esa sustancia.
En realidad es mucho más complejo pero visto así, sería tan fácil como reeducar al cerebro, ¿no?
Pues exactamente es eso.
Paso 1: detectar a qué sustancia somos adictos. Fíjate que no tenemos adicciones a alimentos, sino que en realidad son sustancias que contienen diferentes alimentos. Anota qué comes de forma emocianal y de ahí sustrae qué sustancia tienen en común estos alimentos.
Paso 2: nunca jamás te prohíbas esos alimentos (sustancias) de golpe y porrazo. Vamos paso a paso a disminuir la dosis. Prohibirla va a provocar que el desastre sea aún peor.
Paso 3: entiende qué situación es la detonante. Anota qué emoción está detrás de la situación que provoca ese comer emocional. Entender el cuándo va a ayudarnos a crear un “plan B”.
Paso 4: trabaja en ese “plan B”. La idea es buscar alternativas para gestionar la situación detonante de otra manera.
Y si cuando ya has empezado el ciclo del cambio vuelves a comer de forma emocional, no pasa nada, es normal… Sigue con tu rutina y mañana será otro día. Nunca, jamás de los jamases, te sientas culpable ni te hundas porque no has podido.

Te confieso que es más fácil escribir este post que superar el comer emocional…no te voy a vender humo… Pero quiero animarte porque muchas personas, y yo misma, hemos superado ese comer emocional sin restricciones ni prohibiciones; tan sólo entendiendo qué pasa y por qué, y trabajando en alternativas más respetuosas contigo misma.

1 Comentario

  1. Hola Marta
    Me ha encantado
    Besos

    Responder

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