El tratamiento para la Diabetes, patas arriba

El tratamiento para la Diabetes, patas arriba

El por qué

Érase una vez unos cuantos gramos de azúcar. Llegaron a tu cuerpo tras zamparte un bollicao, un tazón de arroz o, sí, un bonito y colorido plato de fruta. Tu cuerpo tuvo que segregar la hormona insulina para ayudar a que dicho azúcar entrara en tus células. Estas últimas, las células, las utilizarían como combustible.

Pero resulta que tu cuerpo no necesitaba tanta azúcar, no lo quemaba, así que, con el paso de los años, tus células se fueron acumulando de azúcar hasta que no podía entrar más. Tal era la situación, que la próxima vez que llegara azúcar a tu cuerpo, la pobre insulina no podía hacer su trabajo; no podía hacer entrar el azúcar que llegaba a las células…¡porque estas ya estaban llenas! El azúcar en ese momento, quedaría libre por la sangre…

Cuando pasa esto, que hay demasiada glucosa en sangre (el azúcar ese que se queda libre en el torrente sanguíneo), decimos que se es resistente a la insulina

Y ya cuando llega el punto máximo en que los niveles de insulina no pueden mantener ese límite de “resistencia”, la glucosa en sangre alcanza su pico. Nos encontramos ante una diabetes mellitus tipo 2.

El tratamiento convencional

El primer tratamiento documentado para la diabetes data de 1797, del cirujano John Rollo, y se basaba en seguir una dieta baja en carbohidratos. El método diagnóstico era… probar la orina del paciente. Sí, si esta era dulce se olía que el problema radicaba en la excesiva ingesta o acumulación de azúcar. Así que la dieta prescrita era una dieta baja en carbohidratos.

Así fuimos prosiguiendo en cuanto a la diabetes con tratamientos hipocalóricos, ayunos e incluso dietas basadas en güisqui y café (cuyo objetivo era entrar en déficit calórico). Hasta que, en 1912 se hizo un gran descubrimiento: se aisló la insulina.

A partir de entonces se pasó de intentar restaurar los valores normales modificando hábitos, a agregar insulina de forma externa.

Llegamos aquí al tratamiento convencional, en el que el protagonista es la insulina exógena. ¿Problema? Se busca solucionar el resultado, pero no modificar o resolver el problema inicial. Los niveles de glucosa mejoran con la insulina, pero la diabetes empeora.

El tratamiento

Si recuperamos la visión del problema de orígen (acuérdate que la glucosa estaba a sus anchas en sangre porque la célula ya estaba repleta de ella), la teoría que se estaba gestando antes del descubrimiento de la insulina parece lógica y es la forma como muchos nutricionistas estamos tratando con éxito a nuestros pacientes diabéticos:

1- Evita los azúcares añadidos poniendo especial atención a la fructosa. Bebidas azucaradas, galletas, bollería, procesados con azúcar oculto y… sí, también, controla la fruta.

2- Come menos carbohidratos y más grasas. Evita el trigo refinado, la pasta, el pan y planifica tu alimentación con pescado azul, aguacate, aceite de oliva y huevos.

3- Asesórate de cómo practicar el ayuno intermitente puede ayudarte. (Este punto si eres principiante hazlo acompañada de un/a nutricionista actualizada y con experiencia. Yo puedo ayudarte).

4- Mejor dos comidas que seis. No pongas a tu cuerpo constantemente en situación de agotamiento.

5- Haz un desayuno alto en proteínas.

6- El orden de los factores sí altera el producto: come de primero tu plato de vegetales, seguido de la porción de grasa y proteína, y por último los carbohidratos. Esto es altamente eficaz para controlar los niveles de azúcar en sangre.

Suplementación

El mundo de la suplementación está repleto de conflictos de interés. Pero incluso cuando se ha demostrado la eficacia de un suplemento, este no tiene ningún sentido si el tratamiento de base no es correcto. ¿Obvio verdad?

Dicho esto, lo más interesante son los probióticos, y mejor aún, los simbióticos (suplemento que incluye probiótico + prebiótico).

Otros suplementos que puedes valorar de incluir en el tratamiento es el magnesio, aloe vera, canela, zinc, cromo, curcumina, vitamina C y D.

Conclusión:

Como ves el tratamiento efectivo ante una diabetes no es “portarse bien”, “no pasarse” o “comer sano”. Nada que ver. El tratamiento nutricional eficaz se sostiene con muchos años de experiencia y estudios que lo avalan. Sin embargo, en la universidad se sigue enseñando a centrar el tratamiento en la toma de antidiabéticos orales e insulina externa.

Mi consejo es que si tienes diabetes mellitus tipo 2 o resistencia a la insulina te pongas en buenas manos para buscar una alternativa eficaz al tratamiento convencional.

Y créeme: la diabetes se puede prevenir. Y también revertir.

Mis 4 sopas de invierno favoritas

Mis 4 sopas de invierno favoritas

 

Me rechiflan las sopas. En invierno. Estas Navidades fui de vacaciones al Pirineo de Lleida, con un frío tremendo (¡me salieron hasta sabañones!) y no había cosa que deseara tanto como la escudella aranesa de esos lares. Extraordinaria. No era yo, era mi estómago, mi cuerpo y todo mi ser. ¡Es tan reconfortante, cuando sientes frío (físico o mental) y te tomas la sopa calentita! No sé si ese deseo sopero que tengo yo me viene de mi abuelo: pastor como era en esas montañas leridanas, no había noche que no cenara unas sencillas y entrañables sopas de pan y ajo. Bueno, entrañables para mí, que me recuerdan a él…

Hoy comparto contigo mis 4 sopas preferidas. Bueno, la más mejor la dejo para un post aparte… Preferidas de invierno, que son las que apetecen, y suelo incluir en los menús del Club V.I.P..

1 – Sopa de coliflor

Saltea 6 ajos pelados, y cuando estén dorados, añade 2 tomates maduros rallados. Una vez hecho el sofrito, echa 2 litros de agua, ramitas de coliflor, 2 patatas cortadas a cubos, comino y sal marina sin refinar. Deja cocinar una media hora y adereza con perejil picado. Puedes servir así o triturar.

Esta sopa es saciante y ligera. El comino, además de darle un toque especiado, te ayudará a digerir bien la coliflor y que no te produzca gases. El ajo como antibiótico, el antioxidante licopeno del tomate y el contenido en vitamina C del perejil fresco picado, convierten a esta sopa en una gran ayuda invernal.

sopas invierno

2 – Sopa protectora

Protectora ante todo de tus mucosas por su alto contenido en betacaroteno, que salta a la vista por el color naranja de la misma. Se limpian y pelan 300 gr de boniato, 200 gr de calabaza, 150 gr de zanahoria y 150 gr de puerro. Trocea y cuece media hora en 1/2 litro de agua, y tritura. Añade 100 ml de leche de arroz o leche de coco, jengibre en polvo y sal marina sin refinar. Exótica, ligeramente picante para entrar en calor y absolutamente deliciosa.

3 – Sopa real

Como si te dispusieras a hacer un caldo, lava y trocea 2 puerros, 2 zanahorias, 1 nabo, 1 cebolla y 1 rama de apio. Hierve durante 1/2 hora en 1’5 litros de agua junto con 2 ajos, 2 clavos de olor, pimentón dulce de la Vera y sal marina sin refinar. Mientras tanto, cuece 2 huevos. Antes de servir, cuela el caldo, ralla las yemas de huevo, pica las claras y espolvorea con perejil fresco picado. Deja hervir todo junto de nuevo un minuto.

Ideal para cuando llegas a casa muerta de frío, es un consomé ligero, aromático y muy nutritivo.

sopas invierno

4 – Sopa juliana

La juliana de toda la vida. Me encanta. Coge todas las verduras que tengas: 2 zanahorias, 1 rama de apio, 1 patata, 1 cebolla y 2 hojas de col, y mientras pones agua a hervir, lava y pica las hortalizas a bastoncitos. Pon a hervir 10 minutos. Adereza con un chorrito de AOVE y una pizca de sal marina. Deja reposar unos minutos más antes de servir.

Simple, rápida y depurativa, sobre todo por el contenido en potasio y antioxidantes azufrados de la col.

Y es que, ya me lo decía mi abuelo: el invierno pide caldo… Así que este es mi consejo de hoy: ponte tu devantal, cocina, una a una (no todas el mismo día, obvio) estas cuatro maravillas, ¡e incluso customízalas a tu gusto! Obsérvalas, huélelas y degústalas tranquilamente a la vera de tu chimenea o tu zona de confort de tu hogar. Estas sopas alimentan tu cuerpo y tu mente.. Con estas 4 opciones, ¡incluso Mafalda se hizo fan de la cuchara!

 

¿Has probado alguno de estos brevajes? ¿Qué sopa es tu preferida?

El tratamiento para la Diabetes, patas arriba

El por qué Érase una vez unos cuantos gramos de azúcar. Llegaron a tu cuerpo tras zamparte un bollicao, un tazón de arroz o, sí, un bonito y colorido plato de fruta. Tu cuerpo tuvo que segregar la hormona insulina para ayudar a que dicho azúcar entrara en tus células....

Mis 4 sopas de invierno favoritas

  Me rechiflan las sopas. En invierno. Estas Navidades fui de vacaciones al Pirineo de Lleida, con un frío tremendo (¡me salieron hasta sabañones!) y no había cosa que deseara tanto como la escudella aranesa de esos lares. Extraordinaria. No era yo, era mi...

Las dichosas calorías

Contarlas es más inútil que el abre fácil de la leche. Así bien claro te lo cuento. Y no exagero. Apuesto a que el mes de enero, y pisándole los talones el melancólico septiembre, es el mes que más etiquetas se leen en el supermercado. De verdad, fíjate cuando vayas a...

Las dichosas calorías

Las dichosas calorías

Contarlas es más inútil que el abre fácil de la leche.

Así bien claro te lo cuento. Y no exagero. Apuesto a que el mes de enero, y pisándole los talones el melancólico septiembre, es el mes que más etiquetas se leen en el supermercado. De verdad, fíjate cuando vayas a hacer la compra. Pocas personas son las que se dedican a intentar descifrar los enigmas que vienen escondidos en los envases de aquello que va a servirles de sustento… Pero de las pocas que hay, ahora, en enero, se multiplican. Y sólo leen una cosa: calorías. Las dichosas calorías.

Y es que parece que de todo lo que nos han ido inculcando los medios publicitarios en cuanto a teorías alimentarias se refiere, las calorías es lo que importa. Y no, las calorías no es lo que te interesa saber. Así que léeme con atención, y olvídate de las dichosas calorías.

Si, como media humanidad, este mes de enero te propones perder algo de peso y pretendes disminuir las calorías de lo que comes, déjame decirte, como decía aquél, que “la vida no está hecha para contar calorías(Nota: el anunciante que dice eso pretende venderte un producto bajo en calorías… Ironías de la publicidad).

En este punto reclamo mi cruzada anti-cosas-light: estos productos light suelen incluir jarabe de glucosa y almidón modificado. De miedo. Pero es obvio que a la publicidad, y a la mayoría de personas les interesa más que en la etiqueta ponga “light” que no los ingredientes que componen el producto en sí. Este planteamiento nos aleja de la salud y nos convierte en obsesivos de la comida y del concepto de energía.

¿Sabes cuántas calorías comes a lo largo de un día? ¿Te han dicho que debes ingerir 2.000, quizá 1.800 kcal? ¡Ay por Démeter, Zeus y todos los dioses del Olimpo! ¡Olvídate de ellas, te he dicho! Tú tienes un contador automático de calorías: se llama “apetito”. Aprende a escucharlo, a interpretarlo, y no cuentes más.

Algo que me preocupa soberanamente es que la mayoría de consumidores de productos light o bajos en calorías creen que esos productos son más sanos. Light no es igual a más sano… sino lo contrario. Lo saludable de un alimento nada tiene que ver con sus calorías, o no depende de ellas, sino del conjunto de componentes de este alimento.

Atención, pregunta: ¿Es el aceite de oliva sano? ¿Y el aguacate? ¿Las nueces? Sí. Todos ellos son productos que el mundo entero reconocemos como sanos y… ¡anda, son súper calóricos! Qué paradoja… ¿verdad? Claro que no todos los alimentos calóricos son sanos, pero eso es de sentido común. Desde el punto de vista de la salud, no son lo mismo 100 kcal de aguacate que 100 kcal de coñac o de donuts. Así que, ¿para qué perder el tiempo contando calorías?

En general, los productos con pocas kilocalorías, además de llevar ingredientes feos (los jarabes, almidones…) sacian poco. Un yogur entero, natural y casero te sacia mucho más que un Vitalínea. Con lo cual, si comes el yogur light, o estarás de mal humor y pasarás hambre, o tendrás que comer algo más para calmar tu apetito. En este artículo te explicaba más el efecto de los productos light en tu organismo.

Mi conclusión de siempre:

Come comida de verdad, alimentos, no productos, frescos, no temas la grasa natural de la comida. No compres más productos light. Escúchate y respeta tus necesidades. Y como siempre, quiérete mucho.

 

¿Vas a seguir contando las dichosas calorías?

Cómo mejorar tu hipotiroidismo

Cómo mejorar tu hipotiroidismo

Qué pesar…

Quizá esto es lo más característico en una persona con hipotiroidismo: el cansancio. Suelen acumular quilos que no pueden perder de ninguna forma, están agotadas y, encima, sienten que han perdido el control. 

Si es tu caso, quizá tu médico te ha recetado Eutirox, pero tu metabolismo no termina de regularse. Esto es algo frecuente y te lo escribo en negrita para que te cale el mensaje: aunque te mediques, si no haces nada más, tu hipotiroidismo no mejorará. Seguirás sintiéndote cansada, mal, irás cogiendo peso… y la única solución médica será ir incrementando la dosis de Eutirox a medida que vaya descontrolándose.

Mi experiencia

Como la mayoría de mis artículos, el objetivo de este es motivarte, empoderarte y animarte a que hagas algo. Porque hay mucho que hacer.

Mi experiencia en consulta me demuestra que cuando uno toma una parte activa del tratamiento, las mejoras son increíbles. Obviamente, será función del médico eliminar o bajar la dosis de Eutirox, a medida que los marcadores vayan mejorando.

Estos son los puntos, basados en la evidencia y comprovados ampliamente en mi consulta, a tener en cuenta en hipotiroidismo:

1- Una dieta alta en azúcares, sal, procesados y grasas hidrogenadas produce una alteración de la microbiota, desequilibrio del sistema inmune y, al final, desarrollo de enfermedades autoinmunes.

2- Dieta rica en MACs (microbiota-Accesible Carbohydrates) cuida tu microbiota y, por lo tanto, tu autoinmunidad: plantas, especias, setas, tejidos animales…

3- La mejor pauta nutricional que ha demostrado ser anti-inflamatoria es de estilo evolutivo. Es decir, la dieta paleo, alta en vegetales y grasas buenas.

4- Alabado sea el omega-3, poderoso anti-inflamatorio donde los haya. Lo encuentras en el pescado azul, sobre todo.

5- A menudo en consulta me he encontrado casos de hipotiroidismo con malabsorción de fructosa, lactosa o sorbitol. A tenerlo en cuenta.

6- Por todo lo recogido hasta ahora, se intuye. Pero por si no queda claro: fuera gluten. Del todo. Hay una elevada asociación entre enfermedad celíaca y enfermedad autoinmune.

7- Asegúrate una buena dosis de sol diaria, y toma suplementos de vitamina D.

8- Y por último, algo fundamental: muévete. El ejercicio físico es un poderoso regulador hormonal y metabólico. Incluir actividad física en tu rutina diaria puede determinar en gran parte el éxito del tratamiento.

Conclusión:

Te lo he aconsejado muchas veces, pero en enfermedad autoinmune e hipotiroidismo es fundamental: toma las riendas de tu tratamiento. Una actitud pasiva que se limite a recibir tratamiento médico (o sea, farmacológico) no te hará sentir mejor. Una actitud pro-activa, en la que decidas qué comer, y cuándo y cómo moverte, te hará sentir muchísimo mejor.

Palabra.

Come grasa y sé feliz

Come grasa y sé feliz

Miedo a la grasa.

Había una vez, en un lugar no muy lejano, un pueblo que creía que su planeta, la Tierra, era plano. Alguien dijo que en realidad el planeta era redondo… y casi lo queman en la hoguera. En realidad no sé quién fue el genio, porque Galileo Galilei, como se cree comúnmente, no fue: en esas fechas ya se sabía de la redondez de nuestro planeta. Pero me refiero a que, cuando se nos dice una y cientos de veces una cosa, todos nos la creemos. Aunque sea un trola; aunque sea algo esperpéntico. La verdad es de la comunidad. Ese pueblo creía que la Tierra era plana, ¡saltaba a la vista!, ¿verdad? Pues yo hoy vengo en plan Galileo (o quien fuera el lumbreras). Y digo: LA GRASA ES BUENA.

La grasa no engorda. Lo primero que tienes que entender es por qué engordas. Tu cuerpo almacena energía en forma de grasa cuando comes en exceso. Pero esa grasa que fabrica tu cuerpo como reserva energética, no proviene únicamente de la grasa ingerida, sino también de otros nutrientes energéticos, principalmente, carbohidratos.

¿Por qué se culpó a la grasa?

La dietética convencional partió de la estrategia de reducir kilocalorías para adelgazar. Puesto que la grasa es el nutriente con más kilocalorías por gramo, se entiende el error que se cometió. Porque no fue nada más que eso: un error. Y no podemos culpar únicamente a la grasa de nuestro estado de salud, cuando nuestro metabolismo y nuestro organismo es en realidad tan complejo. La grasa, aunque calórica, es saciante y nos provoca placer. ¿Te suena el típico chiste de la mujer que está a dieta, y por lo tanto está de un humor de perros? Pues eso, que está amargada, la pobre… Le falta grasa.

No es una buena estrategia nutricional comer todo light y desnatado. En una dieta baja en grasas, el efecto saciante es difícil de apreciar. De manera que, tras unas horas de comer ensalada, pollo a la plancha y yogur desnatado, tendrás más hambre y acabarás comiendo más (y de mal humor).

Si hay que culpar a alguien de esta epidemia de obesidad y enfermedades metabólicas, voy a señalar, y gritando, a los dulces, la bollería, los refrescos, el alcohol, etc. Estos son alimentos calóricos no por su grasa, sino por sus azúcares, y faltos absolutos de nutrientes. Calorías extras, vacías de salud.

Pues, ¿cuál es la grasa es buena?
Si un alimento es rico en grasas (por lo tanto, calórico), pero es también rico en otros nutrientes como sus ácidos grasos o su palatabilidad, cómelo. Es sano. Deberías fijarte más en la “salud” que te proporcionará un alimento y no tanto en sus calorías. Me refiero, por ejemplo, al aceite de oliva virgen extra, al aguacate, a los frutos secos, al huevo, al pescado azul… Son alimentos que aunque son ricos en grasa, se asocian a la prevención y el tratamiento de diferentes patologías. Por lo que nada tienen que ver con las calorías vaciás de los procesados.
grasas buenas
Nos equivocamos
Ya lo he dicho en alguna otra ocasión: rectificar es de sabios, y equivocarse, muy humano. Y nos equivocamos. Las grasas no son las malas de la película. Eliminarlas de la dieta nos ha llevado a dejar de consumir alimentos que no sólo no era necesario reducir (sardinas, aguacate, aceite) sino que fue un gran error privarnos de sus maravillas nutricionales. Y por otro lado, se fomentó una especie de fiebre rosa, potenciando productos sin grasa, light, descremados y demás, que no son precisamente saludables. En el reciente informe británico “Eat Fat, Cut The Carbs and Avoid Snacking to Reverse Obesity and Type 2 Diabetes” se concluye así:

La decisión de reducir la grasa de la dieta ha sido uno de los mayores errores de la historia médica moderna, con terribles consecuencias.

Increíble, ¿verdad? Ahora ya lo sabemos. Sólo falta que nos acostumbremos realmente a perder el miedo a la grasa, después de tantos años considerándola mala.