¿Por qué en verano muchas personas sienten que comen mejor… pero se encuentran peor?

¿Por qué en verano muchas personas sienten que comen mejor… pero se encuentran peor?

El verano cambia el apetito. No las necesidades de tu cuerpo.

Cada verano escucho frases muy parecidas en la consulta.

«Estoy comiendo mucho más ligero.», «Casi no pico entre horas.», «Como muchísima fruta y ensaladas.» Y, sin embargo, esas mismas personas terminan la conversación diciendo algo que, a primera vista, parece contradictorio:  «Llego agotada al final del día.», «A las diez de la noche me comería la nevera.», «Tengo menos energía que durante el invierno.»

La mayoría piensa que el problema está en algún alimento concreto. Que quizá debería eliminar el pan. O comer menos fruta. O evitar el helado del fin de semana.

Pero, muchas veces, el problema no está en lo que has añadido. Está en lo que, sin darte cuenta, has dejado de aportar.

Porque el verano cambia el apetito.

No cambia las necesidades de tu cuerpo.

Cuando hace calor, el apetito baja. La fisiología sigue trabajando igual.

Es completamente normal que en verano tengas menos hambre.

No es una falta de disciplina. Es una respuesta fisiológica.

Nuestro organismo necesita mantener una temperatura corporal relativamente constante. Cuando hace mucho calor, una parte importante del trabajo consiste en disipar ese exceso de temperatura a través de la piel y la sudoración.

Además, la digestión también genera calor. Es lo que conocemos como termogénesis inducida por los alimentos. Por eso, de forma espontánea, solemos preferir comidas más frescas, ligeras y menos abundantes.

Hasta aquí, todo tiene sentido.

El problema aparece cuando interpretamos esa disminución del apetito como una disminución de las necesidades del organismo.

Y eso no ocurre.

Tu cuerpo sigue renovando tejidos. Sigue fabricando proteínas. Sigue necesitando aminoácidos para conservar la masa muscular.

Si quieres entender por qué conservar masa muscular influye mucho más de lo que pensamos en la salud metabólica, te recomiendo leer Cómo mejorar la sensibilidad a la insulina sin obsesionarte con la comida.

Sigue utilizando vitaminas y minerales para cientos de reacciones metabólicas cada segundo. Y sigue necesitando energía para hacer exactamente las mismas funciones que hacía en enero.

El calor modifica las señales de hambre. No modifica aquello que tu cuerpo necesita para funcionar.

El error del verano no suele ser comer peor. Suele ser comer menos de lo que necesitas.

Hay una asociación que hacemos casi sin darnos cuenta: Fresco significa saludable. Y saludable significa suficiente.

Pero no siempre es así.

Una ensalada puede ser una comida excelente. O puede quedarse muy lejos de cubrir las necesidades del organismo. Lo mismo ocurre con un gazpacho, un yogur o un plato de fruta. No porque esos alimentos sean poco saludables. Sino porque, por sí solos, muchas veces no aportan suficiente proteína, ni suficiente energía, ni la combinación de nutrientes que permite mantener la saciedad durante horas.

En este otro artículo profundizo en por qué algunas decisiones nutricionales protegen nuestra salud mucho más de lo que imaginamos: «Las decisiones nutricionales que más protegen tu salud… aunque hoy no lo notes».

En verano no solemos sustituir las verduras por ultraprocesados. De hecho, muchas personas comen más fruta y más vegetales que durante el resto del año.

Lo que suele desaparecer es otra cosa.

La proteína.

Las legumbres.

Los hidratos de carbono completos.

Las comidas estructuradas.

Y, poco a poco, el plato deja de alimentar aunque siga pareciendo muy saludable.

¿Por qué a las diez de la noche parece que te comerías la nevera?

Seguro que reconoces esta escena.

Desayunas poco porque no tienes hambre. Al mediodía comes una ensalada y una pieza de fruta. Por la tarde apenas te apetece merendar. Y, de repente, llega la noche.

Empiezas con unas aceitunas mientras preparas la cena. Después un poco de pan. Un trozo de queso. Un puñado de frutos secos. Y tienes la sensación de que podrías seguir comiendo.

Muchas personas interpretan ese momento como una falta de fuerza de voluntad. Sin embargo, muchas veces la explicación es mucho más sencilla.

Has pasado todo el día aportando menos energía y menos proteína de la que tu cuerpo necesitaba. Además, si has caminado más, has nadado, has hecho deporte o simplemente has pasado horas soportando altas temperaturas, el organismo ha seguido trabajando y consumiendo recursos.

Cuando las comidas son demasiado ligeras y contienen poca proteína, fibra o hidratos de carbono de calidad, la glucosa en sangre suele mantenerse estable durante menos tiempo y la saciedad desaparece antes.

No significa necesariamente que estés sufriendo una hipoglucemia. Significa que tu cuerpo lleva horas intentando compensar una ingesta insuficiente.

Y cuando llega la noche, reclama aquello que no ha recibido durante el día. No porque hayas perdido el control. Sino porque sigue intentando protegerte.

Comer fresco no significa comer poco. Significa comer de otra manera.

Adaptar la alimentación al verano tiene todo el sentido del mundo.

No necesitamos los mismos platos que en enero. Pero adaptar no significa renunciar.

Una ensalada puede ser una comida completa si incluye una buena fuente de proteína, verduras variadas, grasas saludables y algún alimento rico en hidratos de carbono cuando lo necesites.

Un gazpacho puede formar parte de una comida magnífica si lo acompañas de tortilla, pescado, legumbres o hummus.

La diferencia no está en que el plato sea frío o caliente. Está en si realmente aporta los recursos que tu cuerpo necesita.

Porque la nutrición no consiste en llenar el estómago. Consiste en alimentar los tejidos.

Y esos tejidos siguen trabajando igual en agosto que en febrero.

El verano cambia muchas cosas. Tu fisiología, no.

El verano cambia los horarios. Cambia las rutinas. Cambia incluso las señales de hambre.

Pero hay algo que no cambia.

Tu cuerpo sigue intentando hacer exactamente lo mismo que el resto del año: conservar músculo, reparar tejidos, mantener el equilibrio hormonal, responder al ejercicio y darte la energía que necesitas para vivir.

La pregunta, por tanto, no es si este verano estás comiendo más ligero. La pregunta es si, detrás de esa ligereza, tu cuerpo sigue encontrando los recursos que necesita.

Porque escuchar el apetito es importante. Pero aprender a alimentar el cuerpo incluso cuando el apetito cambia… también es una forma de cuidarte.

Si además quieres aprender a organizar comidas completas sin complicarte, te recomiendo leer «Cómo organizar tus menús semanales para reducir inflamación, ansiedad y decisiones constantes«.

Y quizá esa sea una de las mejores definiciones de comer con criterio.

Por qué comer saludable no siempre alimenta bien a tu cuerpo

Por qué comer saludable no siempre alimenta bien a tu cuerpo

Tu cuerpo no construye desde las buenas intenciones. Construye desde la disponibilidad.

Hay mujeres que comen muy sano. Llenan el plato de verduras. Compran alimentos ecológicos. Evitan los ultraprocesados. Apenas toman azúcar. Eligen productos de calidad y sienten que están haciendo todo lo que se supone que deberían hacer.

Y, sin embargo, siguen cansadas. Les cuesta ganar fuerza, recuperarse después de entrenar o simplemente sentirse bien.

Entonces piensan que el problema está en ellas. Que quizá les falta disciplina, que tienen las hormonas desajustadas o que todavía no han encontrado la dieta adecuada.

Pero muchas veces ocurre algo mucho más sencillo. El cuerpo no construye desde las buenas intenciones. Construye desde la disponibilidad.

Porque comer saludable no siempre significa alimentar bien al organismo.

Puedes llenar el plato de alimentos muy sanos y, aun así, no darle suficiente proteína para mantener la masa muscular. Puedes tener miedo a los hidratos y quedarte sin la energía que el cuerpo necesita para entrenar, recuperarse o fabricar hormonas. Y cuando el cuerpo dispone de suficiente energía y masa muscular, también mejora la forma en la que gestiona esa energía a largo plazo.

Incluso puedes comer «limpio» y, sin darte cuenta, vivir durante años con un aporte insuficiente para todo lo que tu organismo intenta hacer cada día.

Construir también cuesta energía

Hay una idea que repetimos mucho cuando hablamos de salud: el cuerpo está constantemente reparándose.

Pero pocas veces pensamos que también está constantemente construyendo.

Construye músculo después de un entrenamiento. Renueva tejido óseo. Fabrica hormonas, enzimas y neurotransmisores. Repara células, mantiene el sistema inmunitario y adapta los tejidos a los estímulos que recibe.

Todo eso tiene un coste.

No basta con que los alimentos sean saludables. El cuerpo necesita materia prima y necesita energía suficiente para utilizarla.

Cuando esos recursos escasean durante demasiado tiempo, el organismo hace lo que cualquier sistema inteligente haría: priorizar.

Mantiene las funciones imprescindibles para sobrevivir y deja en un segundo plano aquellas que no considera urgentes. Por eso puedes entrenar con constancia y no progresar, sentir que nunca terminas de recuperarte o vivir con una sensación de fatiga que no mejora aunque «comas bien». Porque entrenar no consiste solo en estimular el músculo. También hay que darle al organismo los recursos necesarios para adaptarse.

No porque tu cuerpo esté fallando. Porque está administrando los recursos que tiene.

Nutrición con criterio también es saber cuándo falta, no solo qué sobra

Durante años nos han enseñado a mirar la alimentación buscando excesos.

Demasiado azúcar. Demasiada grasa. Demasiadas calorías.

Pero en consulta, muchas veces encuentro el problema justo en el lado contrario.

Falta proteína. Falta energía. Falta músculo. Falta descanso. Falta combustible para sostener la vida que esa mujer intenta llevar.

Y ahí cambia completamente la conversación.

Porque el objetivo deja de ser comer cada vez más limpio para empezar a preguntarnos algo mucho más útil:

¿Estoy dándole realmente a mi cuerpo lo que necesita para construirse?

Esa es, para mí, la diferencia entre seguir reglas y tener criterio.

La pregunta que casi nadie se hace

Cuando entiendes cómo funciona el cuerpo, dejas de obsesionarte con si un alimento es «bueno» o «malo».

Empiezas a mirar el plato de otra manera.

Ya no piensas únicamente en lo que estás evitando. Empiezas a preguntarte qué información le estás dando a tu organismo. Si ese desayuno le permitirá llegar con energía al mediodía. Si esa comida contiene suficiente proteína para mantener el músculo que tanto cuesta conservar, especialmente a partir de los cuarenta. Si estás alimentando un cuerpo que quieres que tenga fuerza dentro de diez o veinte años o simplemente estás intentando comer «correcto».

Ese cambio parece pequeño. Pero cambia por completo la relación con la alimentación.

Porque dejas de comer desde el miedo a equivocarte y empiezas a tomar decisiones entendiendo qué necesita realmente tu cuerpo.

Y cuando cambias la pregunta, cambian también las respuestas.

La salud deja de consistir en evitar alimentos. Empieza a consistir en construir un cuerpo capaz de sostener la vida que quieres vivir. Y eso resulta mucho más fácil cuando tu alimentación deja de depender de la improvisación y empieza a apoyarse en una estructura sencilla que puedes mantener en el tiempo.

Tu plan B de menú saludable

Tu plan B de menú saludable

Lo ideal, ideal, ideal, ya sabemos lo que es. O por lo menos, lo que queremos que sea. Pero la vida a veces tiene otros planes y, antes de que la improvisación te lleve a tomar decisiones poco sanas, te invito, en este vídeo, a que tengas tu plan B.

Dale al play, y cuéntame, ¿tienes ya tus listas hechas para tu plan B?

Recuerda el ejercicio:

1. Haz las listas lo más completas posibles.

2. Asegúrate de tener esos alimentos de la lista en tu nevera o despensa de forma habitual.

3. Escribe 4 ideas de combinaciones para que tengas a mano cuando tengas que recurrir a tu plan B.

¡Qué aproveche!

La difícil hazaña de comer sano

La difícil hazaña de comer sano

Todo lo que necesitas saber en tu andadura de la vida sana

Porque estoy segurísima que estás hecha un lío. Entre lo que lees por internet, las redes sociales (¿desde cuándo es ético dar consejos nutricionales por Instagram?), los libros, tu vecina, el programa de la TV, la dependienta del herbolario que sabe un poco de dietas, la vendedora de Herbalife que se ha sacado un máster de 1 día en experta en nutrición, y un larguísimo etcétera, estás hecha un lío.

No me extraña. Una profesión tan compleja y antigua como reciente (estamos en pañales aún…) que nos obliga a todos nosotros a estar en constante actualización, y ¡salen expertos hasta debajo de las piedras!

Así que si acabas de aterrizar aquí buscando la verdad, «con fundamento», como decía Arguiñano, es decir, qué hay de nutrición actualmente con una base de evidencia científica coherente…

…o si aterrizas aquí porque vamos a empezar a trabajar juntos en consulta, empieza por aquí.

Esta es una recopilación de todos los artículos que he escrito acerca de la dieta y alimentación para empezar en esta hazaña. Puedes clicar el título de cada uno de ellos para saber más:

 

  • Come grasa y sé feliz: La grasa no engorda. Lo primero que tienes que entender es por qué engordas. Tu cuerpo almacena energía en forma de grasa cuando comes en exceso. Pero esa grasa que fabrica tu cuerpo como reserva energética, no proviene únicamente de la grasa ingerida, sino también de otros nutrientes energéticos, principalmente, carbohidratos.
  • 3 puntos clave para mejorar tu estilo de vida: Seguro que quieres hacer más deporte. O quizá sientas que necesitas alimentarte mejor. En definitiva, no acabas de estar a gusto con el estilo de vida que llevas. Pero, ¿sabes exactamente cómo conseguir ese estilo de vida saludable? Porque dicho así, parece que es algo casi abstracto; algo que todos queremos conseguir pero no sabemos qué acciones concretas tomar para llegar al mismo. Te cuento en qué 3 pilares debes focalizarte para ir desgranando acciones que te ayudarán a ser esa healthy people que deseas.
  • 5 pensamientos que debes evitar cuando te pones a dieta: Ponerse a dieta no mola. Conozco personas que siempre que las veo “están a dieta”. Algunas, te lo prometo, incluso lo disfrutan. Es como si les gustara estar al día con las modas dietéticas de las famosas. Yo no le acabo de ver la gracia, la verdad. Pero bueno, la cosa es que esas personas son las menos. Las que más, son el resto: personas, la mayoría mujeres, que siempre se ponen a dieta y fracasan.
  • ¿Por qué no adelgazo? Esto es un no parar. Empiezas en la adolescencia, o sobre los veintipico, o en la treintena…y toda la vida estás a dieta. Ojo, hablo sólo o principalmente de las mujeres. Quizás has probado ya de todo, batidos, detox, y dietas con nombres de lo más variopintos. En el restaurante siempre te pides ensalada y, a lo sumo, algo de plancha de segundo. Y no adelgazas ni a tiros.
  • 5 tips para sanear tu dieta:  tú, que lo único que quieres es estar sano, comer equilibrado y asegurar una buena alimentación a tu familia… ¡no sabes qué corriente o moda seguir! Que si dieta macrobiótica, que si paleo, que si vegana… Bueno, olvídate de todo eso. Hoy te voy a explicar 5 sencillos tips para convertir tu dieta, sea cual sea, en una súper dieta.
  • Las dichosas calorías: Contarlas es más inútil que el abre fácil de la leche. Así bien claro te lo cuento. Y no exagero. Apuesto a que el mes de enero, y pisándole los talones el melancólico septiembre, es el mes que más etiquetas se leen en el supermercado. De verdad, fíjate cuando vayas a hacer la compra. Pocas personas son las que se dedican a intentar descifrar los enigmas que vienen escondidos en los envases de aquello que va a servirles de sustento… Pero de las pocas que hay, ahora, en enero, se multiplican. Y sólo leen una cosa: calorías. Las dichosas calorías.
  • 5 mitos nutricionales que te enfermanAlguna vez ya te he contado que en algunas cosas, la hemos cagado. Con tanto nutricionismo y tanta estrechez de miras, hemos sentenciado y llegado a conclusiones erróneas. Lo peor, es que estas conclusiones y mitos, están tan extendidos entre la población que cuesta corregirlos. Lo mejor, es que aquí estamos unos cuantos nutricionistas dispuestos a todo para mostrarte la verdad. Y como más de una persona pensará que todo esto es un lío, que cada uno dice sus teorías (lógico), no hablo yo: hablan los muchísimos estudios que, a día de hoy, demuestran que esos mitos son, sólo eso, mitos
  • ¿Comer 5 veces al día? Pues si comes 5 veces al día… envejecerás. ¿A que no te esperabas eso? ¡Pero si precisamente eso es lo que dice todo el mundo! ¡Todos sabemos que tenemos que comer 5 veces al día para estar sanos! ¿Verdad? Bueno, pues yo te pregunto: y si no, ¿qué? ¿Qué pasa si comes, por ejemplo, 4 veces al día? ¿O 3? Comer 5 veces al día es uno de los mitos alimentarios que está más profundamente arraigados en la población. Y no está suficientemente justificado.

Porque sea cual sea tu objetivo, mejorar tu salud, sentirte fuerte y vital con un peso saludable o bien cuidar de tu cuerpo y tu mente como puro acto de amor hacia tí mismo, hay dos factores determinantes en esta hazaña:

1- Conocimiento. Como dijo Mafalda, «vivir sin leer es peligroso; te obliga a creer en lo que te digan».

2- Perseverancia. La motivación está sobrevalorada, pues no es ella quien te mantendrá a flote. Sólo la constancia de tus nuevos hábitos repetidos una y otra vez hará posible que consigas tus objetivos.

En este punto (así como en el primero), yo te puedo ayudar tanto trabajando desde mi consulta como con mi servicio de aplicación móvil Nutrihelp.

Cuéntame, ¿cuántas de estas evidencias te ha sorprendido?

¿Necesito suplementos? La pregunta no es esa.

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Hay una pregunta que casi siempre aparece en consulta Después de muchos años de consulta hay preguntas que casi puedo anticipar antes de que aparezcan. Algunas cambian con las modas. Otras llevan años acompañándonos. Pero hay una que sigue repitiéndose una y otra vez....

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5 tips para sanear tu dieta

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Me apuesto lo que quieras a que con tanta moda de dietas, tantos expertos rondando por ahí y tantas celebrities confesando sus excentricidades culinarias tú no sabes qué comer ni cómo hacerlo. Tú, que lo único que quieres es estar sano, comer equilibrado y asegurar una buena alimentación a tu familia… ¡no sabes qué corriente o moda seguir! Que si dieta macrobiótica, que si paleo, que si vegana…

Bueno, olvídate de todo eso. Alguna vez te he dado más de una pauta para seguir una alimentción equilibrada (artículo, artículo, artículo). Hoy te voy a explicar 5 sencillos tips para convertir tu dieta, sea cual sea, en una súper dieta:

Estos son algunos de los pilares que trabajamos en consulta y que, a partir de ahí podemos ir construyendo el tratamiento adecuado. Pero esta base, estos 5 tips, son claves. Y tú, ¿sigues alguna dieta de moda? ¿Saneas tus menús? Cuéntame cómo haces para mejorar tu alimentación.

¿Necesito suplementos? La pregunta no es esa.

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Hay una pregunta que casi siempre aparece en consulta Después de muchos años de consulta hay preguntas que casi puedo anticipar antes de que aparezcan. Algunas cambian con las modas. Otras llevan años acompañándonos. Pero hay una que sigue repitiéndose una y otra vez....