Receta: caldo de huesos

Receta: caldo de huesos

Un súper caldo

Esta es una de esas recetas que tengo siempre a mano. Prueba a integrarla en tu cocina porque realmente es mano de santo. Más que un caldo para cocinar (que también) es todo un señor elixir que nos regala muchísimas propiedades:

  • Rico en gelatina y colágeno
  • Repleto de minerales
  • Fuente excelente de aminoácidos
  • Excelente para sistemas digestivos comprometidos, pues ayuda a repararlo
  • Cuida tu tejido conectivo, así que te va de perlas para tener un cabello y unas uñas de lo más sanas.

Es una receta tan vieja como la humanidad (casi casi), porque la idea original es aprovechar todos los recursos que nos da la Naturaleza, y los huesos del animal comido, servían en este caso para hacer un rico caldo. Pero sus innumerables usos y beneficios hacen de este brebaje una joyita que, sin duda, te invito a que pruebes y la incorpores en tu dieta.

Manos a la obra:

Para hacer un rico caldo de huesos necesitas:

  • 1 cebolla
  • 2 zanahorias
  • 1 nabo
  • huesos de: pollo (sobre todo sus patas y cuello son riquísimos en gelatina), jamón sin piel, cordero, ternera…
  • 1 chorrito de vinagre de manzana
  • Agua
Puedes utilizar los huesos de asados que hayas cocinado, pero si los has comprado «a posta» para el caldo, antes de meterlos en la olla ásalos al horno, a unos 200º, media hora larga. Y ahora sí, mete los ingredientes en tu olla, y ¡a esperar!

Si usas una slow cooker u olla lenta (esta es la mía, la tengo desde hace unos 3 años y fue una de las mejores compras que hice), lo tendrás a baja temperatura 24 horas. En una olla convencional, lleva a ebullición primero, y luego baja el fuego hasta que apenas aprecies unas pequeñas burbujitas y mantén de esa guisa 8 horas.

Aprovéchalo

Tener caldo de huesos en casa es un recurso útil para muchísimas cosas, y ya que lo hemos cocinado tantas horas, vamos a sacarle partido. Yo una vez hecho lo distribuyo de tres formas:

1- Una botella de litro de cristal, en la nevera, para consumo inmediato. O lo uso para una sopa, guiso etc. o bien nos lo tomamos calentito por la mañana… No hay infusión que supere ese momento. A veces me preguntáis qué infusión recomiendo para acompañar el desayuno o bien para media mañana… Pues bien, una taza calentita de caldo de huesos es una excelente elección.

2- En tupper de 1’5 L para congelar. Y poder usar luego para una sopa, crema o puré. Normalmente cuando cocino algo largas horas hago el doble para poder congelar y disponer cuando tenga «imprevistos».

3- En cubitera. Esos los utilizo a modo de «starlux» en cualquier guiso o estofado. Lo enriquece nutricionalmente y queda riquísimo. Cuando hagas un estofado, unas legumbres, cualquier «chupchup» de esos ricos que nos reconfortan los días húmedos y fríos, prueba de echar un par de cubitos DIY de este caldo de huesos. El guiso ganará en sabor, en textura y nutricionalmente será más rico también.

Dime, ¿has probado ya el caldo de huesos? ¿A qué esperas?

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¿Caos en la cocina? Apúntate al Batch Cooking

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El caos

Esta es la historia de dos amigas del alma, Ana y Rocío, que descubrieron juntas el Batch Cooking. Las dos compartían muchos gustos, aventuras y… su gran preocupación: su caos en la cocina. Eran listas, inteligentes y les gustaba cuidarse. Fíjate tú, que una de ellas, Ana, incluso hace años hizo un curso de nutrición en formato online. Y es que ambas sabían de la importancia de responsabilizarse de su salud, y claro, necesitaban sentir que llevaban todo en orden. También en la cocina.

Ana era una apasionada emprendedora de 38 años. Y por encima de su cocina, pasaban reuniones, citas y tareas mil. Y además, no le gustaba mucho cocinar. No tenía tiempo. Y Rocío… ¡ay Rocío! Con casi 40 años, y una familia a la que sustentar, hacía jornada intensiva en su trabajo del que, aunque no era lo suyo, estaba orgullosa y era una trabajadora muy valorada. Rocío no tenía tiempo de ponerse a cocinar cuando llegaba a casa, tan tarde, para comer.

Ambas, Ana y Rocío, querían llevar un estilo de vida sano. Pero todas sus responsabilidades pasaban por encima de sus ganas de comprar y cocinar sano. Vivían un auténtico caos en la cocina.

El descubrimiento: Batch cooking

Un día Ana, que parecía una auténtica antena viviente, siempre buscando información y estando a la última en todo, llamó a Roció para contarle que había leído algo que igual les iba bien: el Batch Cooking.

Rocío flipó, porque cuando su amiga Ana venía con alguna novedad, podía esperarse de ella cualquier locura. Quedaron para tomar una infusión en la nueva healthy cafetería que habían abierto unos conocidos, y hablaron sobre esa técnica que les iba a salvar su caos.

 

El Batch Cooking, resulta que era algo como para ahorrarte tiempo en la cocina. Básicamente, tenían que buscar un día de la semana, disponer de una mañana o unas 3 horillas, y cocinar mogollón para tener listo entre semana un menú equilibrado. Claro, no se trataba de cocinar a tutti ple lo que les pasara por la cabeza no… había unas «reglas». Más bien, unas pautas:

Iban a cocinar:

1- Caldo para toda la semana. Este, podían utilizarlo para sopas, para guisos y estofados sustituyendo el agua, y para hacer cremas para las cenas. Hicieron 3 litros de caldo.

2- Pollo eco para 2 días. Un día lo tomarían tal cual, hecho al horno, y el resto formaría parte de un wok tricolor, un arroz o bien una ensalada. El resto de proteínas de la semana serían carnes, pescados y huevos que podían fácilmente cocinar al momento.

3- Arroz para 2 veces también. Llegado el momento podían hacer una sopa con el caldo y el arroz, o bien un rissotto o un salteado, y una ensalada o buddha bowl.

4- Una escalivada para tener lista en la nevera como guarnición o que podrían mezclar con el arroz o las legumbres. También si la trituraban podrían hacer un rico paté de escalivada para aliñar ensaladas o acompañar carnes y pescados.

5- Un sofrito de cebolla y ajo que convertiría cualquier «fast food» en una auténtica delicatesen.

6- Patatas y moniatos al horno para recalentar y tomar en cualquier preparación.

7- Limpiaron unas acelgas, lechugas y canónigos para tener listos en la nevera.

Parecía una gran faena, pero bien organizadas, no les llevó más de dos horas y media. Mientras se hacía el caldo y ponían los tubérculos al horno, se pusieron a hacer primero el arroz y luego garbanzos. Les quedaba un fuego libre para hacer el sofrito.

Claro que ni os cuento cómo quedó la cocina… Pero esa fue solo la primera vez. Después de tres intentos, lo llevaban mucho mejor y su dieta mejoró notablemente:

En apenas 15 minutos cada día cogían un par de bases y hacían sus menús en un periquete.

No sé si Ana y Rocío te han tentado mucho con su aventura en la cocina, pero yo de ti me daba una oportunidad para aprender a organizar así tu caos culinario. Y si crees que esta puede ser la solución a tu falta de imaginación y organización en tus menús, cuenta conmigo, que te enseño, en menos semanas de las que te imaginas, a distribuir el menú de toda la semana, organizar la lista de la compra y cocinar bueno, bonito y sano.

Con mi Menú Mensual recibes el menú de todo el mes, organizado por semanas, con su lista de la compra, su sesión de batch cooking y su puesta a punto en tu día a día. A mí y a todas las personas que están apuntadas ¡nos libera de un montón de quebraderos de cabeza!

 

¿No te parece estupendo tener el menú de todo el mes organizado y solucionado?
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Lo que siempre quisiste saber sobre el desayuno… y nunca te contaron

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El desayuno de los campeones.

Imagino que recuerdas el anuncio del que te hablo. ¿De verdad la primera ingesta del día de un campeón es un producto cuyo ingrediente principal es el azúcar? Este tema es uno sobre los que más preguntas recibo, así que, hablemos del desayuno:

Dicen de él que es la ingesta más importante del día. Y debe de serlo, puesto que es la comida que más normas inquebrantables tiene. Puedo quitar los cereales en la cena; recomendar empezar la comida de mediodía con una ensalada; lo que sea será bien aceptado. ¡Pero por Dios, que no os quite el café con leche de la mañana, las tostadas o cualquier otra de vuestras costumbres matutinas! El desayuno es el hábito más arraigado en nuestro día a día, y el que más dudas y problemas plantea en una de mis sesiones de coaching nutricional.

Vayamos por partes:

 

¿Es el desayuno la comida más importante del día?

Pues no. Para nada. Así que, si eres de las que te levantas antes que cante el gallo, y tienes que salir de casa a las 6 de la mañana sin tiempo para desayunar, no te preocupes que no te vas a desmayar de camino al trabajo. Puedes salir de casa sin desayunar. Pruébalo, anda. ¿Ves?

La mayoría de estudios que relacionan el desayuno con un mayor rendimiento escolar, o con el alta/baja tasa de obesidad, por ejemplo, son observacionales. Es decir, generalmente los padres que dan un desayuno equilibrado a sus hijos antes de ir al colegio suelen ser familias de un nivel socio-económico alto o medio, y que se preocupan por la alimentación de sus hijos. De manera que el buen rendimiento escolar, puede deberse a otros muchos factores como el interés de que estudien, la elección de las actividades extraescolares, y del entorno en el que viven. Pero no hay ninguna relación causa-efecto sobre el desayuno matutino y el rendimiento académico.

 

Alimentos «de desayuno»

Esa falacia sí que me hace gracia: que exista en el mercado cosas «de desayuno». Cereales de desayuno. Zumo de desayuno. Galletas de desayuno…. ¡Incluso leche de desayuno (creo que la llaman algo así como «mañanas ligeras»)! ¿En qué momento la naturaleza nos dio alimentos para una hora concreta del día?

Y es que nos lo hemos creído tanto, que todos, absolutamente todos, creemos conocer la fórmula del desayuno perfecto: leche – fruta – cereales. ¿A que sí? Nadie se sorprende si decimos que desayunamos cada día un bol de cereales de desayuno, aunque estén repletos de azúcar, harinas refinadas, y pocos nutrientes. Esos, bañados en una leche de muy dudosa calidad nutricional, y un zumo envasado, que aunque en realidad sea un líquido azucarado que no nos aporta otra cosa que glucosa y calorías vacías, nos limpia la conciencia al interpretarlo como «fruta». En cambio, si contamos que desayunamos una ensalada y unos huevos, aunque obviamente son alimentos mucho más saludables, ¿qué comentarios crees que recibiríamos? Como mínimo, caras de asombro.

Nos hemos dejado engañar por los eslóganes publicitarios y vemos como normal y muy aceptable romper el ayuno con algo de bollería. Y así, como hemos desayunado, ya hemos cumplido. Pues déjame decirte que, antes de optar por este tipo de desayuno, mejor ayuna. Si el desayuno es realmente la ingesta más importante del día, ¿por qué lo llenamos de opciones tan poco saludables?

¿Qué desayunar entonces?

Lo que quieras, mientras sean opciones sanas. Lo que siempre digo: elige alimentos, y no productos. (Creo que esta frase la he escrito en todas mis entradas. Igual podría ser mi eslogan…).

 

  1. Desayuna cuando tengas hambre. Si sales de casa a las 7 de la mañana con el estómago cerrado, no comas. Si a la hora del desayuno en el trabajo son las 9 y tienes más sed que hambre, o no te entra un gran desayuno, no comas. Es decir, si a las 2 horas vuelves a tener hambre, a las 9 o has comido poco, o eso no era hambre de verdad.
  2. No es cierto que necesites desayunar para obtener energía. La energía debe provenir de tu cuerpo, no depender de algo fugaz que en media hora estará digerido. ¿De verdad le vas a dar ese poder a un cruasán?
  3. Desde el punto de vista nutricional, puedes desayunar lo que quieras siempre y cuando haya una coherencia con respecto al resto de nuestras ingestas. Desde luego, mucha mejor elección son los huevos o alubias británicas que el bol de azúcar en forma de cereales o de galletas que comemos los españoles.

Mis opciones preferidas:

Mi primera elección suele ser algo de fruta. A veces la sustituyo por ensalada pero empezar el día mordiendo una naranja o un plátano, o un dulce melocotón en verano, me prepara para una mañana llena de actividad.

Luego suelo desayunar algo de proteína acompañada de vegetales. Eso es, casi siempre, huevos camperos no-fritos, escaldados o revueltos, con verdura que me sobró de la noche anterior, o algo de fruta.

A veces, cuando estoy más caprichosa, me preparo un pudding de chía. Eso siempre que por la noche me haya acordado de poner las semillas en remojo… Por la mañana las mezclo con kéfir o yogur de cabra o de coco, y las enriquezco con trocitos de fruta y frutos secos.

Y mi opción preferida sn duda es…¡los restos de la cena! Un poco de tortilla de patata de anoche o las sobras de verdura calentadas en la sartén con un huevo o jamón ibérico añadido… Eso sí es un desayuno de campeones.

desayuno 2

Eso sí, entre semana yo desayuno en casa y muy tarde, cuando tengo HAMBRE. Y «hambre» así en mayúsculas. Porque mi trabajo así me lo permite, y bajo mi techo tengo mi hogar, mi oficina y hasta mi gimnasio. Pero si tu única opción es un bocadillo porque te es lo más práctico para llevarte, apunta:

 

  1. Escoge pan de larga fermentación y con levadura madre.
  2. El relleno suele ser proteico, así que las mejores opciones son: huevo duro, tortilla, jamón ibérico, sardinas en lata, caballa en conserva o, por qué no, restos de la cena del día anterior.
  3. Ahora que lo tienes más o menos listo, embadúrnalo de todos los vegetales que puedas: unta el pan con aguacate, o corta el mismo a trocitos; lechuga, canónigos, rúcula y hojas varias; zanahoria rallada; patés vegetales (el de alcachofa, me chifla); rodajas de tomate; germinados… ¡Abre la nevera y busca opciones!

 

El desayuno no tiene por qué regirse por normas diferentes a las del resto de las ingestas. Y por los horarios laborales habituales, tiene que serte cómodo de preparar, y lo mismo puede ser fugaz que el desayuno de un rey. Busca cuál es tu mejor opción, pero recuerda siempre que es mejor no desayunar, a escoger productos de baja calidad nutricional.

Planazo: si quieres saber más sobre el desayuno, aprender y cocinar diferentes opciones saludables y pasar una buena mañana, el sábado 2 de marzo imparto un taller en Barcelona. Tienes toda la información en esta página de la organizadora, Meraki by Marta. ¿Cocinamos junt@s?

Desayuno. Café a prueba de balas.

Quizá te suena de haberlo visto por redes sociales. O te lo ha contado tu compi de gimnasio. O lo has probado ya. O te da la sensación que te estoy hablando en chino. Café bulletproof, conocido también como «a prueba de balas».

Desayuno. Yogur con granola

En este blog ya tienes varias entradas sobre los mitos que rodean el concepto del desayuno (aquí), y algunas ideas para que rompas el ayuno nocturno (aquí). Pero hoy se me ha ocurrido abrir dentro de la categoría de «Recetas», una exclusiva para los desayunos. Así que hoy te presento mi desayuno más habitual este verano: Yogur con granola.

Paquetitos de calabacín

Podría haber titulado esta receta «raviolis de calabacín» o incluso «canelones de calabacín». Así seguro que Google me hubiese posicionado mejor porque, bien pensado, nadie va a buscar una receta que se llame «paquetitos». Pero mira, me ha salido así. Y es que parecen paquetitos.
Bueno al lío. Esta receta es buenísima. La hacía ya hace años cuando impartía un extraescolar para niños de Primaria que se llamaba MiniXef. Y siempre que la hacía, flipaban.
Flipar todo lo que un niño puede flipar cuando una receta «demasiado sana» está rica y deliciosa. Y además, es que te la voy a presentar de dos maneras. La ligera y veraniega, y la más plato contundente.
Mira qué bien, dos recetas en una.

5 tips de la dieta cetogénica (parte 1)

5 tips de la dieta cetogénica (parte 1)

Ceto, cetogénica o keto

No te me alarmes. Si estás algo puesta en este sarao, seguramente el nombre «dieta cetogénica» como mínimo te sonará. Si estás flipando pepinillos, tranquila: no te voy a vender ninguna dieta de moda. Sigo siendo yo, la nutricionista anti-dietas. Pero es que últimamente se habla mucho en las redes sobre una tal «dieta cetogénica, ceto o keto», e incluso he visto que la anuncian como la panacea anti-cáncer y anti-todo.

Así que, aquí vengo yo, a explicarte de una forma muy sencilla qué es la dieta cetogénica y por qué se habla tanto de ella. Como ya me conozco y tu a mí también, he decidido hacer el post en 2 partes, para que no nos den las uvas con la lectura… Porque escribir de esta dieta, da para mucha tecla.

Carbohidratos vs. grasas:

Tú, yo, y todo hijo de vecino disponemos de 2 fuentes principales de energía: la glucosa y la grasa. Cuando comes hidratos de carbono, el cuerpo los metaboliza en glucosa. ¡Pero para ello también gasta mucho! Así que, para generar energía, gasta mucha de la misma. La glucosa nos permite conseguir un pico de energía en un momento dado, cuando lo necesitas, pero nos consume mucho. Y que ésta sea nuestra principal fuente de energía nos agota (y nos obliga a estar comiendo cada dos por tres).

La segunda fuente energética son tus grasas (ácidos grasos). De esta ruta metabólica se obtiene mucha más energía, constante y de larga duración. Así que las grasas son una fuente energética más lenta pero más eficiente que los hidratos de carbono.

Entendido este pequeño paréntesis, ¿en qué consiste la dieta cetogénica? Pues precisamente en reducir el consumo de hidratos de carbono e incrementar el consumo de grasas buenas, a fin de forzar al organismo a quemar grasa. O sea, que la grasa sea tu combustible. Parecida a la dieta paleo, pero con unas proporciones mucho más escandalosas (esto ya te lo explicaré la semana que viene en la Parte 2).

Tip 1- Adelgaza:

Aunque no sea una dieta propiamente dicha para adelgazar, el hecho de que enseñes a tu metabolismo a combustionar grasas en lugar de depender del aporte de glucosa constante, lleva como efecto secundario, la pérdida de peso. Obvio: si quemas grasas, pierdes peso. Además, hay muchos estudios que comparan estrategias de pérdida de peso mediante dietas hipocalóricas y dietas cetogénicas, y parece que en estos últimos casos, se consigue más estabilidad en esa pérdida de peso. O sea, si pierdes peso mediante una keto, raro es que lo recuperes.

Tip 2- Mejora tu rendimiento deportivo:

Si usas tus grasas como fuente energética de tus entrenamientos, obtendrás una energía de mejor calidad (algo así como comparar gasolina y diésel en tu coche), la recuperación será mucho más rápida y, además, no tendrás que ir repostando cada 2 por 3. Comerás menos veces y obtendrás un rendimiento superior.

Tip 3- Mejora la inflamación:

Cuando tu cuerpo funciona de manera cetogénica, los niveles de citoquinas inflamatorias (estudio) bajan. La inflamación, ya te he contado muchas veces que es más o menos el quid de la cuestión. Cada vez que comes, te inflamas o te desinflamas. E inflamarte supone problemas de salud, desde sobrepeso, alergias, migrañas y trastornos metabólicos más heavies.

Tip 4- Anti-cáncer:

Buf, lo he tenido que soltar… Supongo que por eso está siendo famosilla la keto… No te creas a nadie que te quiera vender la moto de que una dieta tal o cual te protegerá del cáncer. A estas alturas ha quedado claro que es algo más complicado que eso, ¿verdad? Lo que sí es cierto es que las células cancerígenas se pirran por el azúcar, y se ha visto, por lo tanto, que algunos tumores llegaban a morir (de hambre) al eliminar la glucosa y utilizar la grasa como fuente energética.

Sin duda es una estrategia interesante y lógica. Además se suele experimentar más vitalidad y claridad mental….

Y me quedo el tip 5 para la semana que viene, que te será menos curioso, pero mucho más útil.

¿Conocías la dieta cetogénica? Si la has probado o has experimentado con ella, ¡no dudes en comentarlo para ilustrarnos a tod@s!
¿Síndrome premenstrual yo? ¡Nunca!

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¿Por qué no adelgazo?

¿Por qué no adelgazo?

Presa de las dietas

Esto es un no parar. Empiezas en la adolescencia, o sobre los veintipico, o en la treintena…y toda la vida estás a dieta. Ojo, hablo sólo o principalmente de las mujeres. Quizás has probado ya de todo, batidos, detox, y dietas con nombres de lo más variopintos. En el restaurante siempre te pides ensalada y, a lo sumo, algo de plancha de segundo. Y no adelgazas ni a tiros.

Tu caso es el de la «dietoadicta» y que lo sepas, formas parte de un negocio muy rentable para todas las empresas que viven de tus quilos: farmacéuticas, alimentarias y sí, también empresas que se dedican a hacerte perder peso con mucho dinero de por medio y poco esfuerzo por tu parte. Eso vende que te mueres (lo de «poco esfuerzo», digo).

Toda tu vida a dieta y las pruebas todas, las de la consulta más chic de la ciudad hasta la que te pasa la vecina o lees en la revista de la pelu. Y tu te dices, ¿por qué no adelgazo?

Lo que no debes hacer.

Si quieres perder peso y no hay forma humana de conseguirlo, te voy a contar lo que jamás tienes que hacer y siempre te han dicho que hicieras:

1- No cuentes calorías. Como dice el anuncio aquél, «la vida no está hecha para contar calorías», ¿verdad? Pero te voy a decir por qué no debes darle tanta importancia a las calorías, y esto te va a sorprender: el hecho de contar calorías es pasarle la pelota a la dieta. Y la dieta no tiene la culpa de que no adelgaces: tú eres la única responsable de tu salud. No pruebes más dietas, ellas no te van a adelgazar. Toma tú el control de la situación. Fíjate en esta figura todos los factores que están relacionados con la obesidad:

2- No te pases a lo light. Sé que temes a la grasa, pero de verdad verdadera, la grasa no engorda. Es más, como esxpliqué en este artículo, la necesitas. Olvídate de los desnatados y lights y come comida real.

3- No picotees ni hagas tropocientasmil ingestas al día (ni 5). En el artículo de la semana pasada ya te conté por qué no debes comer cada 3 horas pero ahora doy un paso más: si comes poco en las comidas principales, vas a estar todo el día picoteando y, para más inri, tu sistema nervioso simpático no se activará, o sea, que en todo el día no quemarás ni un miligramo de grasa. Comer poco y a menudo, engorda.

4- No hagas dieta. En serio, ya así, de bote pronto, la palabra «dieta» pone los pelos de punta, porque lleva implícito sufrimiento, hambre, obligación, etc. En mi consulta nadie hace dietas. Comemos comida, aprendemos cuáles son las mejores fuentes de hidratos para saciarnos y dejamos de temer a las grasas. Y de verdad te digo, que disfrutamos comiendo. Ah, y como «no hacemos dieta», si tenemos un bodorrio, o una paella o simplemente nos apetece alguna «guarranada» de vez en cuando, pues lo hacemos con disfrute. Y aquí no ha pasado nada.

Recupera tu salud

Obsesionarte con el peso deseado va a frustrarte. No lo hagas porque terminarás con tu paciencia y tu motivación inicial se esfumará en un periquete. Hazlo al revés: disfruta del momento de cuidarte. Disfruta, aprecia, agradece el placer de preparar tu comida sana, felicítate cada vez que vas al gimnasio, etc. Celebra el momento actual, el esfuerzo, no lo que quieres conseguir.

Y olvídate de las dietas. Te lo he dicho más de una vez… sé que soy peor que el ajo, pero es que no hay otra. Cuidate: come comida real sin procesados, muévete cada día y haz cosas que te hagan feliz. Eso, cuidarte, es amarte. Yo siempre he pensado que en esta vida me ha tocado un cuerpo, y tengo que ser consciente del estado del mismo, y responsabilizarme para cuidarlo y amarlo. ¿Quién si no lo va a hacer?

Tu sobrepeso u obesidad es un efecto secundario de unos hábitos de vida no saludables. ¡Pero el tratamiento es gratis y sin contraindicaciones!: se trata simplemente de dedicar unos minutos cada día a cuidarte.

Cambia tu forma de comer (aquí te explico cómo hacerlo), de pensar, de moverte, de vivir… y el sobrepeso desaparecerá.

Ya es hora de que dejes de sentirte agobiada y perseguida por cánones de belleza que no puedes alcanzar. Asume la responsabilidad de tu peso y de tu salud, y si crees que es el momento, y necesitas mi apoyo yo seré tu guía para que consigas tu objetivo de sentirte más bonita, más feliz y más sana.

¿Cuántos de esos «errores» cometes? ¿Te atreves a cambiarlos?

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