Mi botiquín de aceites esenciales

Mi botiquín de aceites esenciales

El poder de los aceites esenciales

Hace unas semanas movida por un impulso compartí en mis Stories de Instagram el paquete que había recibido con aceites esenciales. Compartí tanto los aceites como las sinergias que iba a hacer para llenar mi botiquín. Recibí tantos comentarios que decidí escribir un artículo para compartirlo mejor.

Y es que así nos preparamos para la vuelta al cole en casa:

1- Alimentación sin azúcares, harinas, gluten y poquísimos lácteos.

2- Muchos vegetales, proteína de calidad y grasas.

3- Cuidamos nuestra microbiota con probióticos y fermentos.

4- Mantenemos a raya el estrés, cada uno de la mejor forma que sabe.

5- Ante los primeros síntomas, echamos mano de los aceites esenciales.

¿Te cuento las sinergias que usamos? Intento combinar sólo 4 o 5 aceites esenciales para no tener que invertir una fortuna. Así que estos 5 puedo decir que son mis preferidos: mandravasarotra, laurel, tomillo manzanilla, arbol de te.

Bronquitis

40 gotas de AEQT Mandravasarotra, 30 gotas de AEQT Tomillo Tuyanol, 30 gotas de AEQT Árbol de te.

Aplicar 3-4 gotas en espalda y pecho tres veces al día.

El poder antiviral, antiinfeccioso y expectorante de esta sinergia ayudarán a expulsar mucosidad y eliminar cualquier infección aguda.

 

Gripe

50 gotas de AEQT Mandravasarotra, 20 gotas de AEQT Laurel noble, 10 gotas de AEQT Tomillo tuyanol y 20 gotas de AV de Nuez de Albaricoque.

Aplicar 5 gotas en espalda y pecho tres veces al día.

Esta sinergia está indicada ante cualquier virus gripal, infección o defensas bajas. Pudes aplicarla también como preventivo en la planta del pie de tu hijo en épocas en que hay virus rondando por la guardería o escuela.

 

Tos seca

30 gotas de AEQT Mandravasarotra, 20 gotas de AEQT Tomillo Tuyanol, 10 gotas de AEQT Manzanilla romana y 40 gotas de AV de Nuez de Albaricoque.

Aplicar 3-4 gotas en espalda y pecho tres veces al día.

Parecida a la anterior, el aceite esencial de Manzanilla ayudará a calmar esa tos irritable y espasmódica, sin mucosidad, sobre todo tos nocturna que afecta a nuestros pequeños.

 

Otitis

30 gotas de AEQT Mandravasarotra, 10 gotas de Manzanilla romana.

Aplicar 2 gotas en el área peri auricular, 4 veces al día. Antes de acostarse, si hay mucho dolor de oídos también puedes poner una gota en un trocito de algodón y dejarlo dentro del oído.

La acción anti-infecciosa de Mandravasarotra y el poder calmante de la Manzanilla mejorarán en seguida cualquier cuadro otorrinolaríngeo.

 

La acción de los aceites esenciales es rápida y eficaz, pero sobra decir que, al igual que ante cualquier terapia considerada alternativa, si el paciente no mejora en 24 horas, acudir al centro médico. De igual forma, con pacientes ya tratados estas sinergias de aceites esenciales supondrán una eficaz terapia complementaria para acortar la duración de la enfermedad.

¿Te surge alguna duda? ¿Has usado o usas aceites esenciales en tu día a día? ¡Cuéntame!

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Esta patata es una joya

Esta patata es una joya

La patata del día anterior

Digo yo, que habrás oído hablar algo de una patata del día anterior. ¿Te suena? Si no es así, te lo cuento: se dice, se sabe, se aconseja comer patatas cocidas el día anterior. Es bastante habitual y si lo has oído/leído seguramente será en contextos de salud intestinal, defensas (inmunoterapia), microbiota, etc.

Pues prepárate porque en este artículo te cuento todo sobre la patata «del día anterior», qué es, cómo hacerla y cómo aprovecharla.

Qué es un MAC:

Hablamos de fibra. Hablamos de salud intestinal. En fin, de microbiota. Más de una vez te he hablado de los probióticos, esas bacterias vivas que pueblan nuestro intestino y que determinan en gran parte nuestra salud. Bien, pues resulta que esas bacterias se alimentan de MAC, o fibra fermentable. Así que, si quieres gozar de salud, ya tienes la fórmula en cuanto a microbiota se refiere: come bacterias y aliméntalas con MAC.

De este tipo de fibra hay mucha y una de ellas es el almidón resistente. Dicho de otra forma, es un almidón, o sea un carbohidrato, que resiste nuestra digestión y llega tal cual a nuestro intestino. Perfecto para alimentar las bacterias que residen allí. Aumentar el almidón resistente de una dieta ha resultado muy útil en casos de estreñimiento crónico, enfermedades autoinmunes y trastornos digestivos.

Cómo se hace:

La idea es que la patata, cuando se cocina y se enfría, sufre un cambio en su estructura que da como resultado el almidón resistente. (Esto es pura química). Pero déjame que te cuente paso a paso cómo convertir esta patata en una joya:

1- Cocina la patata entera y con piel, al vapor o bien al horno. La opción de hervirla sería la peor en este caso.

2- Deja que se temple un poco y guárdala en la nevera para que se enfríe totalmente a unos 4º C.

3- Para comerla deberás pelarla y prepararla como te cuento a continuación.

Ya no tienes una patata. Tienes una joya para tu microbiota.

Cómo tomarla:

Una idea práctica (que suelo hacer desde hace mucho) es tener siempre patatas cocidas en la nevera. A parte de ser interesantes desde el punto de vista nutricional, nos ahorran mucho tiempo en la cocina.

Puedes tomarlas:

  • a la plancha: pélalas y córtalas a rodajas. Márcalas en la plancha con una pizca de sal gruesa y/o aromáticas.
  • en un guiso: las añades al guiso unos minutos, cortadas a cubos, por ejemplo.
  • con verdura al vapor: cuando la verdura esté lista, mete las patatas en la olla para calentarlas.
  • en tortilla: ¡claro que sí! las pelas, las cortas a trocitos, y cuajas unos huevos para hacer una tortilla de patatas deliciosa y súper sana.
  • como se te ocurra: se trata de calentar e incorporar la patata en la receta que estés haciendo. Es fácil y práctico.
La patata del día anterior es algo que solemos hacer en el menú de La Comunidad. 
Más ideas en #lacomunidadmmc
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5 pensamientos que debes evitar cuando «te pones a dieta»

5 pensamientos que debes evitar cuando «te pones a dieta»

Post editado el 17 de agosto de 2022.

Esto ya suena mal…

Ponerse a dieta no mola. Conozco personas que siempre que las veo «están a dieta». Algunas, te lo prometo, incluso parecen adictas a ellas. Es como si les gustara estar al día con las modas dietéticas de las famosas. Otras, por el contrario (las más) son esclavas de la cultura dieta. Personas, la mayoría mujeres, que siempre se ponen a dieta y tarde o temprano fracasan. Porque claro, estar siempre «a dieta», ya sea hipocalórica, low carb, cetogénica… esa locura no es sostenible. Eso no lo aguanta nadie cuerdo.

Otra cosa es ponerte en manos de un profesional que te ayude a un cambio de hábitos definitivo. Y que encima, lo disfrutes.

Lo llames pues, como lo llames, si tu objetivo es perder grasa (peso), sigue leyendo:

5 pensamientos que debes evitar cuando te pones a dieta.

Pensamiento 1: ¿El aguacate engorda?

Quien dice el aguacate, dice la pera, la manzana, el pollo o las sardinas. El pensamiento en sí de que esto o aquello engorde…¡quítatelo de la cabeza! Siendo puristas te diría que menos el agua, todo engorda, ok? Parece complicado pero en el fondo se trata de reconciliarte con la comida. Ella no te engorda. Tampoco te adelgaza. La comida te nutre. Y a veces esta, te complica la vida, pero ya está, no hay más.

Tienes que acostumbrarte a comer disfrutando de lo bueno de ese alimento, sin tener el radar cuenta-calorías conectado.

Pensamiento 2: Mi amiga pierde más rápido

Lo sabes de sobra: las comparaciones nunca han sido buenas. ¡No te compares! Aunque hagas la misma «dieta» que tu amiga o vecina, el resultado nunca será el mismo. ¿Sabes por qué? Porque el tratamiento en sí no depende sólo de lo que comes (o sea, de la dieta) sino también de si te mueves o no, de si descansas bien, de cómo vas de vientre, de tu momento del ciclo menstrual, y además, de en qué hora del día haces tus ingestas*.

(*Apunte: esto último se llama cronobiología. Y últimamente me está flipando, pero esto ya será materia para otro artículo…¿Sabes que si tu cena te la tomas a las 7 p.m. o a las 10 p.m. no tendrá la misma respuesta metabólica en tu organismo? Una manzana tiene 52 kcal todas las horas del día, pero tus hormonas no están igual por la mañana que por la tarde… Interesante, ¿verdad?).

Pensamiento 3: Obsesionarse por los quilos

Ni te fijes en ellos. Aquí te pido que seas de letras puras. Un sobrepeso u obesidad es más un problema de inflamación corporal que no un problema matemático. Con esto me refiero que el 100% de las veces (ahí estoy radical…) las tallas y el volumen son más exagerados que la cifra que marca la báscula.

A ver, ¿tú qué quieres? ¿Verte bonita, sentirte ágil, estar sana y fuerte, o bien pesar… no sé… 65 kg? Ponle el número que quieras ahí. El número en sí no te dará la felicidad. La felicidad se siente.

Pensamiento 4: Me he saltado la dieta

¡Ni que fueras una rana! ¡Aquí uno no se salta nada! Si te apetece una pizza, pues te la comes. Si quieres tomarte una cervecita en una terracita de verano, pues andando. Pero el concepto no es «saltarse» nada. Uno tiene que responsabilizarse de lo que hace y, en este caso, de lo que toma. ¿Qué te crees, que yo estoy siempre con una manzana en la mano o qué? Jeje…no, que a mí también me apetece de vez en cuando tomar algo no-sano.

Pero el detalle es que un 80% de mi dieta es sana, y me reservo un 20% por si me apetece algo no-sano. Sin remordimientos. Sin saltos. El pensamiento «me he saltado la dieta» es absolutamente negativo. Te has comido una pizza, vale…, espero que la hayas disfrutado y ahora sigue con lo tuyo, y ya.

Pensamiento 5: «ponerse a dieta»

No veas el daño que me hace el propio título de este artículo. Si te pones a dieta estás ya condenada al fracaso. Ponerse a dieta implica que no es para siempre, que hay una fecha de caducidad. Y, ¿qué te crees que va a pasar cuando ya no estés a dieta? Aix…, preciosa mía, ¡que te olvides ya de las dietas!

No te pongas a nada. Mira tú que a mí, la propia palabra «dieta» ya me chirría. Incluso a mis clientes les suelo decir «te paso una propuesta de menú semanal» que no «te hago una dieta». «Dieta» me suena a restricción, a pasar hambre, a contar calorías, a comida insípida… Aunque ya te te lo he contado alguna vez, la palabra dieta no significa eso, pero tiene una serie de connotaciones que no me gustan nada.

Conclusión:

Si crees que debes perder peso, no te sientes a gusto con tu cuerpo, no estás ágil o no gozas de buena salud, asesórate con un nutricionista actualizado (esto es súper importante, por favor, que tenemos un panorama en este país…que no veas). Este nutri puede ser alguien como yo, que estaré encantada de ayudarte, alguien que:

 

  • no te ponga tostadas y pavo para desayunar (si recurre a procesados con pocas calorías y cero nutrientes en la primera ingesta, malo…)
  • no te haga estar pendiente de la comida todo el día: que si un desayuno a las 9h, un media mañana, bla, bla, bla… Todo el día comiendo a menudo y poco va a dejar tus hormonas medio taradas.
  • no te haga pasar hambre. Comer es un placer. Un enorme placer. Un nutri actualizado te enseñará a disfrutar de la comida de verdad. Te saciarás, disfrutarás, y encima, adelgazarás.
  • te enseñe a disfrutar del proceso. No vivas la dieta como el típico chiste de la mujer que está de mal humor, con hambre y pasándolo mal. Dis-fru-ta. No sólo de los menús (alias, dieta) sino también del placer de cuidarte, de mover tu cuerpo, de quererte y de responsabilizarte de tu salud física y mental.
No te pongas a dieta. Mejora tus hábitos.

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Entre col y col, lechuga

Entre col y col, lechuga

Receta de un «trinxat» diferente

Una de las cosas que más me gusta es versionar y customizar recetas. Darles mi huella. Y por eso te invito a menudo a que no hagas al pie de la letra las recetas que publico: pruébalas, y luego versiónalas según tus necesidades, los gustos de los comensales o lo que pillas en el mercado. El famoso «trinxat de la Cerdanya» es uno de mis platos favoritos. De hecho, si me sigues por Instagram seguro que me has visto más de una vez con este delicioso manjar. Sin embargo, la receta que te traigo hoy es algo diferente. Te diría… ni mejor, ni peor…simplemente diferente. La aprendí de Mel Sánchez y la reajusté a mi forma de cocinar. Es una de las recetas del menú de mi servicio #menusemanalmm porque ya casi nos quedamos sin coles y… ya conoces el dicho: «entre col, y col, lechuga» ;). Ahí va la receta. ¡Espero que te guste!

Ingredientes:

  • 1/2 col blanca
  • 1 calabacín grande
  • 1 trozo de panceta ibérica
  • 2 dientes de ajo
  • pimienta Cayena
  • pimienta negra
  • AOVE

Preparación:

Limpia y trocea la col y el calabacín. Mete en una olla y cubre de agua al ras. Deja hirviendo unos 20 minutos. Mientras, calienta aceite en una sartén con el ajo picado y la panceta cortada a taquitos. Cuando estén dorados, retira de la sartén y en el mismo aceite echa las verduras ya cocidas y escurridas. Mientras se doran a fuego alto, ve chafándolas con un tenedor de madera, más o menos unos 20 minutos o hasta que estén sin nada de agua. Añade la panceta, las pimientas y una pizca de sal marina sin refinar a tu gusto. Dale forma de tortilla girando la sartén varias veces.
Al sustituir la patata habitual por calabacín, te aportará menos hidratos de carbono, opción interesante si estás siguiendo una alimentación low carb, y un buen pellizco de fibra. ¿Qué me dices, la pruebas y me cuentas?
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5 mitos nutricionales que te enferman

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O te engordan, o te hacen ir mal…

Alguna vez ya te he contado que en algunas cosas, la hemos cagado. Con tanto nutricionismo y tanta estrechez de miras, hemos sentenciado y llegado a conclusiones erróneas. Lo peor, es que estas conclusiones y mitos, están tan extendidos entre la población que cuesta corregirlos. Lo mejor, es que aquí estamos unos cuantos nutricionistas dispuestos a todo para mostrarte la verdad. Y como más de una persona pensará que todo esto es un lío, que cada uno dice sus teorías (lógico), no hablo yo: hablan los muchísimos estudios que, a día de hoy, demuestran que esos mitos son, sólo eso, mitos. Si te los quieren colar los anuncios de la TV, ya sabes qué es: publicidad e interés comercial. Si te los cuela tu médico de cabecera, que sepas que poca nutrición hacen los médicos en su carrera, pues no es de su competencia. Y si es tu nutricionista, eso sí es grave… dile que por favor, se actualice, se recicle y lea un poco más.

Mito 1: La base de nuestra alimentación mediterránea son los cereales

¡Ni hablar del peluquín! Jamás nuestra dieta se ha basado en los cereales… menos ahora, claro. Es indignante que un grupo de alimentos al que se lo relaciona con tantas enfermedades, pretenda ser nuestra base. La recopilación científica de Whole Grains Council, cuyos estudios intentan demostrar la relación directa que hay entre la ingesta de cereales y la mejora en la salud, concluye que ninguno de sus estudios ha durado más de 3 meses. Poco se puede deducir  cuando hablamos de dieta y alimentación, en estudios tan cortos en el tiempo. Seguramente la herramienta más potente que se ha creado para difundir mensajes con tanto interés comercial es la famosa pirámide alimentaria. Sobre este mito, hay 2 posibles teorías: Existe la teoría que la primera pirámide de los alimentos apareció en los años 60, ante una necesidad, por parte del gremio de agricultores de EEUU de ofrecer sus excedentes de producto. Ahí aparece el Sr. Kellog’s y sus descendientes. Cierto es que la economía del país dependió en gran parte de las ventas de cereales de este gremio. La teoría europea muestra algo similar: en los años 60 en Europa, y tras vivir años de penúria y miseria postguerra, se intentó potenciar aquél grupo de alimentos más barato y menos perecedero para poder alimentar a la población. Sea cuál sea el origen, lo que está claro es que la pirámide no es fruto de ninguna sociedad nutricional, médica o sanitaria.
A modo de chiste, démonos un respiro… ¡Dale al play!:

Mito 2: Tienes que comer 5 veces al día

La recomendación de hacer cinco ingestas diarias está muy desmontada ya por diferentes estudios (artículo) y es que jamás de los jamases en la historia de la Humanidad se ha comido tanta cantidad y con tanta frecuencia. Una razón de peso es porque nunca habíamos tenido tanta opulencia alimentaria. El mito en cuestión ya se va desmontando, menos mal (aquí). Una vez más vimos el tema en cuestión con la lupa del reduccionismo nutricional, y la pauta de comer 5 veces al día únicamente se basó en un supuesto de fisiología: evitar subidas de glucosa sanguínea repartiendo la ingesta durante el día. Obviamente nuestro organismo es mucho más que glucosa.

Mito 3: Necesitas X para estar sano

O sea, crear necesidades específicas. Aquí es donde la industria alimentaria se pone las botas y ha creado necesidades de la nada, jugando con el nutricionismo y la ignoracia de la población general. Juega con nuestro buen corazón y buenas intenciones y, ¡ale, nos hace creer que necesitamos esto o aquello! Menudo mito… Me explico: ¿Crees de verdad que tu hijo de 6 meses necesitas «Mi Primer Danone» y no puede digerir un yogur natural? ¿Crees que tu marido que tiene el colesterol alto necesita Danacol para mejorar su perfil lipídico? ¿crees que necesitas esa maravillosa barrita energética para rendir mejor en el gimnasio? ¿o recuperarte de tu entreno? ¿De verdad no vas a poder perder peso si tomas un yogur natural en lugar de un Vitalínea? Pongo los ejemplos en los productos lácteos porque es donde lo veo todo más exagerado. Pero donde se me ponen los pelos de punta, ¡menuda barbaridad!, es en los productos destinados a la población infantil. Esto es feo de verdad. Porque Nestlé, entre otras empresas, sabe obviamente que las mamás lo daremos todo por nuestros hijos. Y claro, una leche o unos cereales que están especialmente diseñados para que nuestros hijos tengan más hierro o crezcan mejor (¿cómo???), cómo no los vamos a comprar? Una leche crecimiento. Unos cereales enriquecidos. Y ¡ojo! lo último: un colacao para bebés. De verdad que no tengo ni fuerza para debatir semejantes barbaridades. Estos productos, todos ellos, son sobre todo ricos en azúcar, pero en cantidades industriales (cómo el etiquetado nutricional nos despista). A este mito ni caso. De todo ello, no necesitas absolutamente nada. Es más, no deberías tomarlos.

Mito 4: La grasa es mala

Este mito nos da miedo… Bueno, te lo expliqué alguna vez, y alguna otra, pero básicamente, necesitas grasa para estar san@. En este meta-estudio , que es una revisión de las conclusiones de 21 estudios se demuestra que «no hay pruebas que permitan concluir que la grasa saturada esté asociada con un incremento de enfermedad coronaria o mayor riesgo de infarto”. Está más que dicho y aún así, todavía vamos al médico temiendo el colesterol, la grasa saturada y el temible infarto coronario.

Mito 5: el huevo y el colesterol

Come huevos. Que «el huevo lleva colesterol y el colesterol es malo» es algo que todavía tenemos grabado a cal y canto. Y yo, que ya sé que el huevo es en realidad un superalimento (aquí) que no va a hacer que me suba el colesterol, me lo zampo casi cada día básicamente porque me encanta (aquí) y me nutre. Y no es por nada, pero parece ser que empezar el día con un par de huevos hace que comas menos (estudio) y que pierdas peso (estudio). Ahí queda eso.
Venga cuéntame, ¿cuantos de estos mitos ya has desterrado? ¿Cuál de ellos no puedes olvidar?
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