Hay una pregunta que casi siempre aparece en consulta
Después de muchos años de consulta hay preguntas que casi puedo anticipar antes de que aparezcan. Algunas cambian con las modas. Otras llevan años acompañándonos. Pero hay una que sigue repitiéndose una y otra vez.
«¿Qué suplemento me recomiendas?»
Es una pregunta completamente lógica. Vivimos rodeados de mensajes que prometen más energía, mejor descanso, menos inflamación, una piel más bonita o una microbiota más saludable, todo dentro de una cápsula. Cuando queremos cuidar nuestra salud, es fácil pensar que la respuesta puede encontrarse en un suplemento.
Y no hay nada malo en ello.
Los suplementos pueden ser herramientas muy útiles. Los utilizo en consulta cuando están indicados y también forman parte de mi rutina personal en situaciones concretas.
Pero casi nunca empiezo respondiendo esa pregunta. Porque antes necesito hacer otra: ¿Qué problema estás intentando resolver con ese suplemento?
Y esa respuesta suele ser mucho más importante que el nombre del producto.
Antes de añadir algo, necesito entender qué le falta a tu cuerpo
Imagina una planta que empieza a perder fuerza. Podrías comprar el fertilizante más caro del mercado, pero si lleva semanas sin agua o apenas recibe luz, el problema probablemente no era la falta de fertilizante.
Con el cuerpo ocurre algo parecido.
Antes de pensar en añadir un suplemento, intento entender si ya dispone de aquello que necesita para funcionar bien. Si está recibiendo suficiente proteína, si existe un déficit nutricional real o simplemente una sospecha, si duerme las horas necesarias para recuperarse, si entrena fuerza con regularidad o si pasa el día sobreviviendo a base de café y comidas improvisadas.
Muchas veces buscamos una solución nueva para un problema que empezó mucho antes.
Por eso, antes de hablar de suplementos, casi siempre hablamos de hábitos. No porque sean una respuesta mágica, sino porque son el terreno sobre el que cualquier intervención posterior tendrá más posibilidades de funcionar.
Si quieres profundizar en por qué aspectos como la proteína o la masa muscular tienen mucho más impacto del que solemos imaginar, te recomiendo leer Las decisiones nutricionales que más protegen tu salud… aunque hoy no lo notes, donde explico por qué algunas decisiones aparentemente pequeñas pueden influir en la salud durante muchos años.
El cuerpo funciona por prioridades, no por acumulación
Hay una idea de fisiología que me parece especialmente útil para entender todo esto.
Nuestro organismo no funciona acumulando recursos sin más. Funciona estableciendo prioridades.
Cuando la energía es insuficiente, prioriza las funciones imprescindibles para sobrevivir. Cuando determinados nutrientes escasean durante mucho tiempo, los distribuye allí donde resultan más necesarios. Y cuando el descanso, la alimentación o el ejercicio no acompañan, el contexto en el que tiene que trabajar sigue siendo el mismo, aunque añadamos un suplemento.
Por eso, a veces, una persona empieza a tomar varias cápsulas esperando encontrarse mejor y apenas nota cambios.
No siempre significa que el suplemento no funcione. Muchas veces significa que está intentando construir el tejado antes de reforzar los cimientos.
Comprender este orden de prioridades cambia por completo la forma de cuidar la salud. La conversación deja de centrarse en qué podemos añadir y empieza a centrarse en qué necesita realmente el cuerpo para funcionar mejor.
Entonces… ¿cuándo tienen sentido los suplementos?
Todo esto no significa que los suplementos no sirvan. Al contrario. La evidencia científica respalda claramente su uso en muchas situaciones concretas.
La vitamina D cuando existe un déficit o un riesgo elevado de padecerlo. La vitamina B12 en personas vegetarianas o veganas. La creatina, cuya evidencia ya no se limita al rendimiento deportivo y que cada vez despierta más interés por su papel en la preservación de la masa muscular y la función cognitiva, especialmente a medida que envejecemos. O el omega-3 cuando la alimentación no cubre las necesidades o existen circunstancias en las que puede aportar un beneficio.
Podríamos añadir muchos más ejemplos.
El problema nunca ha sido el suplemento. El problema es esperar que haga el trabajo que corresponde a otras áreas de nuestra salud.
Ningún suplemento puede sustituir una alimentación insuficiente. Tampoco puede compensar meses de mal descanso, construir masa muscular sin entrenamiento o neutralizar por sí solo las consecuencias de vivir en un estado de estrés permanente.
No porque sea un mal suplemento. Sino porque nunca fue diseñado para eso.
De hecho, muchas personas buscan un suplemento para recuperar la energía cuando el problema no está relacionado con una carencia nutricional, sino con una desregulación mucho más amplia. Si este tema te interesa, puedes leer también No es falta de energía. Es desregulación, donde explico por qué sentirse cansada no siempre significa que necesites añadir algo a tu dieta.


