No me digas que no te ha sorprendido el título. Yo, que soy Dietista-Nutricionista, parece que reniego de ello… que me voy a echar piedras en mi propio tejado. Pensarás “¿se habrá vuelto loca ésta con tanta leche vegetal y tanto ajo negro?”. No te preocupes, no, que voy a seguir aquí por muchos años. Uno no puede renegar tan fácilmente de lo que siente muy dentro suyo.

Te explico: ¿Por qué no quiero ser dietista?

Según leemos en la Wikipedia:

“Un nutricionista, dietista-nutricionista, nutriólogo, dietista o dietólogo es un profesional sanitario experto en alimentación, nutrición y dietética. Se encarga principalmente del tratamiento nutricional de enfermedades, como por ejemplo diabetes, malnutrición, insuficiencia renal, obesidad, enfermedad de Crohn, del tratamiento con nutrición artificial enteral y parenteral en hospitales, prevención de patologías mediante la alimentación, participar en el tratamiento del paciente oncológico etc., además de adecuar la alimentación de cada persona a cualquier situación fisiológica, como embarazo, lactancia, deporte, etc. Asimismo interviene en la gestión de control de calidad y seguridad alimentaria, el diseño y planificación de menús adaptados a patologías en hospitales, comedores escolares o residencias de ancianos o en la intervención y desarrollo de actividades y políticas relacionadas con la salud pública.

Su formación integra conocimientos de química, bioquímica, bromatología, nutrición, dietética, dietoterapia, fisiología, fisiopatología, toxicología, microbiología de alimentos, química y bioquímica de alimentos, tecnología de alimentos y un largo etcétera.

Con distinta denominación y estudios en cada país, requiere generalmente de titulación universitaria de cuatro o más años.”

Todo lo que dice es correcto. Todo ello me encanta, me apasiona. Pero la realidad no es tan chula… Dejando el tema del odioso intrusismo a parte (ahora con tantos módulos, técnicos y demás, uno que estudia 9 meses hace y cobra lo mismo que los que lo hicimos 4 años), la realidad es que los dietistas nos hemos convertido en vendedores de dietas. O sea, feísimo: si puedes encontrar dietas mil en internet, ¿para qué vas a acudir a un dietista? Sólo tienes que googlelear “dieta gratis” “dieta para perder peso” o algo similar, y la tienes. Y ya. Explícame, pues ¿qué sentido tiene que yo sepa hacerte una dieta? De verdad te lo digo, no le veo ninguna gracia a mi trabajo.

Si ser dietista es vender dietas, no, no quiero ser dietista.

Además (y ahora sí que algunos quizá me van a abuchear) muchos dietistas, al igual que muchos profesionales sanitarios, son unos vendidos. Así de claro te lo digo. Dicen sólo lo que la indústria alimentaria les dice que digan previo pago de un buen puñado, o no tan bueno, depende de su capacidad de negociación. Muchos dietistas construyen sus pautas basándose en productos de la indústria alimentaria. Amiga, te digo: no te fíes nunca de un dietista que en su pauta alimentaria te propone productos, que no alimentos. Ejemplo: desayuno a base de tostadas dextrín de la marca X, con fiambre de pavo de Y o mermelada sin azúcar de M.

Yo no quiero entrar en el juego, nunca lo he hecho, ni de vender dietas ni de venderme a nadie.

Si ser dietista es venderse al mejor postor, no, no quiero ser dietista.

Un buen nutricionista-dietista, al igual que el resto de profesionales de la salud (y de otros muchos campos) tiene que ir reciclando sus conocimientos. Constantemente. Y saber rectificar y reconocer sus errores.

La Nutrición oficialista no está actualizada; sigue basándose en conocimientos o descubrimientos de los años 70. ¡Y madre mía, hemos avanzado muchísimo desde entonces!

Y lo mejor: hace sólo un par de años me topé con el coaching nutricional. Y descubrí que, aunque yo había estudiado Dietética y Nutrición Humana, es en realidad el coaching lo que me llena y lo que sé hacer. Que está muy bien hacer dietas, pero, a ver, te pregunto: Si ya sabes que tienes que comer más vegetales, fruta, hacer más ejercicio físico…¿por qué no lo haces? ¿Por qué la persona obesa sigue comiendo hamburguesas y pizzas, y bebiendo cola, si sabe de sobras que tiene que comer ensalada y hacer deporte diariamente?

¡Toda la teoría se sabe! La cuestión és: ¿por qué no se lleva a la práctica?

 

Ese es el trabajo del coacher. El Coaching nutricional es un proceso a través del cual el paciente identifica y vence sus obstáculos, crea el entorno adecuado y adopta la actitud y la determinación necesaria para conseguir el cambio en su alimentación, logrando a su vez mejorar otros aspectos de su persona y de su estilo de vida.

No me digas que ésto no es mucho más interesante que contar calorías…

Si ser dietista es centrar tu objetivo sólo en la alimentación, no, no quiero ser dietista.

Papel del cliente ante un dietista = actitud pasiva, se limita a comer/no comer lo que le dicta el dietista

Papel del cliente ante un coacher nutricional = actitud activa, entiende cuál es el problema, el plan de acción, y toma las riendas de su situación.

Te pregunto: ¿Cuántas dietas has hecho a lo largo de tu vida? La mayoría de mis clientes cuando llegan a la consulta me explican que han revoloteado entre montones de dietas, la mayoría, aberrantes. Así que, léeme bien: NO HAGAS MÁS DIETAS. No pierdas más dinero, tiempo ni esfuerzo en seguir una pauta que luego olvidarás. Te estás estropeando tu salud física y mental. Busca que haya harmonía en mi tríada invencible: alimentación (natural, real, variada) – emoción (equilibrada, plena, sincera) – movimiento (diario, necesario). Y si la teoría te la sabes y aún así no consigues encontrar tu camino, apuesta por un buen coacher que te enseñe cómo hacerlo.

Cúidate, ámate de verdad, y busca la manera de adoptar hábitos saludables que te acompañen el resto de tu vida.

2 Comentarios

  1. Ana

    Marta, eres increíble me alegro tanto de haberte conocido. Yo cambié mi forma de comer gracias a ti. Y cuando me dejo llevar por las comidas que me ponen en restaurantes o en casa de familiares, mi cuerpo ya no las admite. Me encuentro pesada, con gases y me repite la comida. Hago ejercicio a diario porque ha llegado un momento en mi vida, que mi cuerpo me lo pide. Me pide alimentos refrescantes y energéticos. Lo mío empezó siendo ir a consulta para pedir una ” dieta ” y se ha convertido en que pruebo todas las cosas fuera de lo normal y me encantan. También tengo que decir que mis padres me lo han puesto muy fácil con la comida, no había lugar a te gusta o no. Simplemente esta comida es la que hay. Y eso ha hecho que todo me guste en mayor o menor cantidad. Mi vida ha dado un cambio radical, me encuentro mucho más guapa, todo me sirve y todo me queda bien. Siento que soy mucho más ligera, no me canso y quiero más. Antes me dolía todo, me sentía pesada, mamá de dos peques que se ponía lo primero que pillaba en el armario. Fuera dietas estúpidas que hacen que no aprendas a comer.

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    • martamatodietista

      Ana, muchísimas gracias por tus palabras… No sé si sabes lo que realmente significan para mí. Palabras como éstas son las que me llenan, las que me satisfacen y hacen que ame mi trabajo. Porque al final, no se trata de saber cosas, sino de compartirlas y poder ayudar a mejorar la vida de las personas que, como tú, me pedís consejo. Un abrazo muy muy fuerte Ana.

      Responder

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