El otro día, hablando con unas amigas, me di cuenta de algo que estaba pasando, y que yo no tenía ni idea. Lo intuía, lo escuchaba pero no le daba importancia, y al final, ahí estaba: la gente odia la palabra “detox”. Igual tú no, pero muchos, sí. En realidad yo, que estoy metida en el meollo, ni me fijo en la palabreja esa… Lo que me importa es su utilidad, su fin. Pero es cierto que “detox” aparece en todos los medios! ¡Y espérate, que abril se prepara con una buena dosis de estos!

¿Qué carajo significa “detox”?

Mira amiga, no le hagamos ascos a las cosas hasta que no sepamos de qué van. Llámalo ayuno, depuración, detox o como quieras. La cosa es que ESO es una terapia milenaria ayurvédica para tratar innumerables males. El ayuno, que supone en realidad acompañar el proceso del propio cuerpo para eliminar aquello que le hace daño/le molesta/le sobra, es una de las prácticas más usadas en la historia de la humanidad. Ayunar te lo pide el propio cuerpo. Fíjate cuando estás empachada, o tienes una indigestión, o cualquier proceso viral: cierto es que muchas abuelas y mamás insisten en dar de comer, porque las mamás somos así, que sufrimos en exceso por nuestros pequeños. Pero en estos casos tu cuerpo te lo pide a gritos: lo mejor que se puede hacer es no comer; dejar que el cuerpo empiece su propio proceso de auto curación.

 

El detox, amiga mía, es poderoso. Aunque te caiga mal la palabreja.
La moda detox

Lo sé, todo lo detox está de moda. Y eso cansa. Pero ojalá todas las modas sirvieran para crear unos hábitos y un estilo de vida más eco, verde, saludable. Si es así, ¡bienvenida la moda detox!

Todo empezó con los zumos verdes. A mí me chiflan mis zumos y me sientan de maravilla. Nada me da ese chute matutino de energía como mi zumo verde. Aunque últimamente estoy experimentando con smothies y la verdad que estoy encantada con ambos. Pero a lo que voy: la industria alimentaria, siempre atenta con ojo avizor, comprendió el filón “green juice” y ala, creó los planes detox a base de zumos UHT. ¿Sabes a qué me refiero? Esos planes que te envían una caja con 6 o 7 zumos diferentes, cada uno para su momento del día… y ese es el menú.

Personalmente, eso no es comida. Lo siento. Tampoco lo veo como una terapia milenaria ni detox. Es otro procesado más, aprovechando oportunidades.

Y luego ya, sopa detox, caldo detox, ensalada detox, menú detox… ¡Y espérate lo mejor! Cremas detox, champús detox… De verdad, he visto cosas dispares alucinantemente detox. Es como si lo detox fuera la solución a todos nuestros males. Y no.

Pues eso creo que nos ha hecho mucho daño a profesionales que ofrecemos servicios pensados, trabajados, y con toda la buena intención del mundo. O sea, yo saco un planazo detox, que te va a sentar de fábula en un momento puntual de tu vida, ¡y ya no sé cómo llamarlo para que no lo odies!

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Lo anti-detox

Yo creo en el detox.

Primero, mejora tu dieta. Ponle mucho verde, alimentos de calidad, y cero (o pocos) procesados. Muévete, baila, anda, ten una vida activa que te motive. Calma tu mente, cuídate. Y aun así, de vez en cuando, si sabes escucharte, sabrás que necesitas un detox. O lo que sea sin-llamarlo-detox (pero lo es). Por ejemplo:

  • en primavera, momento en que la limpieza hepática nos aporta innumerables beneficios
  • tras períodos de estrés o malestar
  • en los cambios de estación
  • como punto de inflexión a la hora de adoptar nuevos hábitos saludables
  • tras épocas de medicación
  • para empezar el año nuevo
  • cuando pierdes peso y te has estancado en la bajada
  • si tu piel está apagada o aparenta “sucia”
  • cuando te sientes hinchada
  • etc.

Que no los odies, mujer. Que hay “detox” y “detox”. No te dejes endiñar milagros ni falsas promesas. Ni te vendan productos que ya ves que nada tienen que ver con tradiciones ayuvérdicas. Un detox de verdad, es un regalo, un descanso, un chute de energía. Es un detox.

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