La magia de la fermentación

Hace unos meses empecé un nuevo curso para actualizar mi formación: Nutrición Clínica Aplicada (nivel I y II). Quién me iba a decir a mí que sería tan suertuda de toparme con profesores tan increíbles. Bueno, no sé si conoces al Dr. Álvaro Campillo, pero siento admiración profunda por él, por su sabiduría, su conocimiento y su forma tan cercana de transmitir todo ello.

Total, que en una de las clases que impartió el doctor, concretamente la de trastornos digestivos, recomendó un libro (Pura fermentación), hablando de los poderes de los alimentos fermentados. Obvio, ya sabía yo que la fermentación era mi amiga (aquí te hablo de los probióticos), pero chica, si es así es una de las íntimas.

Lo que quiero transmitirte en este artículo es lo fácil que es incluir alimentos fermentados en tu día a día, y cuánto lo vas a notar. Los alimentos fermentados son un potente estímulo para la digestión y, además, una súper herramienta para hacer frente a montones de enfermedades.

¿Por qué hablo de magia? Porque los alimentos fermentados están vivos. Literalmente. Y eso es lo que les otorga todo su poder.

Un ejemplo: chucrut casero

El chucrut es col fermentada. Dicha fermentación es obra de muchos microorganismos: una bacteria llamada coliforme inicia la fermentación, y mientras se encarga de producir ácido, el entrono se vuelve más favorable para las bacterias leuconostoc. A medida que el ácido continua aumentado y el pH disminuye, al leuconostoc le siguen los lactobacilos. Y aunque todo esto te suene como si te estuviera hablando en swahili, hacer chucrut en casa es mucho más fácil que entenderlo.

  • Necesitas:

Un tarro fermentador. O bien: un tarro de cerámica o cristal de 4 L; un plato de un diámetro más pequeño que el tarro; un peso (puede ser una garrafa de agua).

  • Ingredientes:

Una col de 1 quilo aproximadamente. Dos cucharadas de sal marina sin refinar.

  • Procedimiento:

Corta muy fina la col o repollo y ponla en un cuenco ancho. Ahí la masajeas un rato con una pizca de sal. No te cortes, “amásala” con las manos para romper sus fibras y eliminar su agua. Ve cortando, salando y masajeando. Puedes añadir otras verduras o zanahoria rallada, por ejemplo. Pero si es tu primera vez, te aconsejo que pruebes sólo con col.

Vierte la col masajeada y salada en la vasija, poco a poco y por capas, para poder chafar cada capa y evitar que quede aire estancado. El chucrut debe quedar bien comprimido.

Cubre con un plato y colócale encima el peso. Tapa con un paño limpio para evitar que caiga polvo ¡o bichos!

Déjalo fermentar tranquilamente en un rincón de tu cocina, y cada día más o menos ejerce presión sobre el chucrut para que se mantenga en salmuera. El tiempo de preparación puede oscilar entre 1 a 4 semanas, dependiendo de la temperatura de la habitación.

Aplicaciones y conservación

Una vez terminado el proceso de fermentación puedes conservar tu chucrut en un tarro de cristal en la nevera. Sírvelo con patatas hervidas y mostaza, con carne, con pescado, para enriquecer una ensalada… ¡donde se te ocurra! Tiene un sabor agrio, así que seguramente, si no lo has tomado nunca, tu paladar tendrá que acostumbrarse.

Pero no hace falta tomar mucho para beneficiarse de sus propiedades.

  • Proporcionan enzimas y vitaminas que ayudan a asimilar mejor los alimentos
  • Nutren las bacterias intestinales beneficiosas reponiendo la flora del intestino grueso
  • Son ricos en enzimas digestivas
  • Son alimentos simbióticos: tienen actividad sinérgica probiótica (por sus bacterias) y prebiótica (por su fibra) que potencia su acción.
¿Te animas a preparar tu propio chucrut casero?

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