Léelo sólo si la palabra “detox” te da tírria

Léelo sólo si la palabra “detox” te da tírria

El otro día, hablando con unas amigas, me di cuenta de algo que estaba pasando, y que yo no tenía ni idea. Lo intuía, lo escuchaba pero no le daba importancia, y al final, ahí estaba: la gente odia la palabra “detox”. Igual tú no, pero muchos, sí. En realidad yo, que estoy metida en el meollo, ni me fijo en la palabreja esa… Lo que me importa es su utilidad, su fin. Pero es cierto que “detox” aparece en todos los medios! ¡Y espérate, que abril se prepara con una buena dosis de estos!

¿Qué carajo significa “detox”?

Mira amiga, no le hagamos ascos a las cosas hasta que no sepamos de qué van. Llámalo ayuno, depuración, detox o como quieras. La cosa es que ESO es una terapia milenaria ayurvédica para tratar innumerables males. El ayuno, que supone en realidad acompañar el proceso del propio cuerpo para eliminar aquello que le hace daño/le molesta/le sobra, es una de las prácticas más usadas en la historia de la humanidad. Ayunar te lo pide el propio cuerpo. Fíjate cuando estás empachada, o tienes una indigestión, o cualquier proceso viral: cierto es que muchas abuelas y mamás insisten en dar de comer, porque las mamás somos así, que sufrimos en exceso por nuestros pequeños. Pero en estos casos tu cuerpo te lo pide a gritos: lo mejor que se puede hacer es no comer; dejar que el cuerpo empiece su propio proceso de auto curación.

 

El detox, amiga mía, es poderoso. Aunque te caiga mal la palabreja.
La moda detox

Lo sé, todo lo detox está de moda. Y eso cansa. Pero ojalá todas las modas sirvieran para crear unos hábitos y un estilo de vida más eco, verde, saludable. Si es así, ¡bienvenida la moda detox!

Todo empezó con los zumos verdes. A mí me chiflan mis zumos y me sientan de maravilla. Nada me da ese chute matutino de energía como mi zumo verde. Aunque últimamente estoy experimentando con smothies y la verdad que estoy encantada con ambos. Pero a lo que voy: la industria alimentaria, siempre atenta con ojo avizor, comprendió el filón “green juice” y ala, creó los planes detox a base de zumos UHT. ¿Sabes a qué me refiero? Esos planes que te envían una caja con 6 o 7 zumos diferentes, cada uno para su momento del día… y ese es el menú.

Personalmente, eso no es comida. Lo siento. Tampoco lo veo como una terapia milenaria ni detox. Es otro procesado más, aprovechando oportunidades.

Y luego ya, sopa detox, caldo detox, ensalada detox, menú detox… ¡Y espérate lo mejor! Cremas detox, champús detox… De verdad, he visto cosas dispares alucinantemente detox. Es como si lo detox fuera la solución a todos nuestros males. Y no.

Pues eso creo que nos ha hecho mucho daño a profesionales que ofrecemos servicios pensados, trabajados, y con toda la buena intención del mundo. O sea, yo saco un planazo detox, que te va a sentar de fábula en un momento puntual de tu vida, ¡y ya no sé cómo llamarlo para que no lo odies!

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Lo anti-detox

Yo creo en el detox.

Primero, mejora tu dieta. Ponle mucho verde, alimentos de calidad, y cero (o pocos) procesados. Muévete, baila, anda, ten una vida activa que te motive. Calma tu mente, cuídate. Y aun así, de vez en cuando, si sabes escucharte, sabrás que necesitas un detox. O lo que sea sin-llamarlo-detox (pero lo es). Por ejemplo:

  • en primavera, momento en que la limpieza hepática nos aporta innumerables beneficios
  • tras períodos de estrés o malestar
  • en los cambios de estación
  • como punto de inflexión a la hora de adoptar nuevos hábitos saludables
  • tras épocas de medicación
  • para empezar el año nuevo
  • cuando pierdes peso y te has estancado en la bajada
  • si tu piel está apagada o aparenta “sucia”
  • cuando te sientes hinchada
  • etc.

Que no los odies, mujer. Que hay “detox” y “detox”. No te dejes endiñar milagros ni falsas promesas. Ni te vendan productos que ya ves que nada tienen que ver con tradiciones ayuvérdicas. Un detox de verdad, es un regalo, un descanso, un chute de energía. Es un detox.

Come más vegetales

Come más vegetales

Esto de poner títulos lo llevo fatal. Quería buscar un título para este artículo que llamara la atención, que invitara a leer, etc. Pero no. No me sale. Así que ahí va mi lección de hoy. Lo puedo decir más alto pero no más claro: Come más vegetales.

Y es que esto es lo más importante que saco de todos los años que llevo en el campo de la nutrición. Fíjate que, entre todas las corrientes dietéticas que hay (las que hay con evidencia científica, digo, no las modas y las locuras de gurús televisivos), hay algo en lo que siempre están de acuerdo: come más vegetales. Da igual que te tire una alimentación paleo, o que quieras ser vegetariano, o que te inspires con la macrobiótica… Todas ellas coinciden en cómo se beneficia tu salud cuando aumentas el consumo de vegetales.

Hace una semana y algo lancé un concurso para motivarte a consumir verduras en diferentes presentaciones. Lo llamé el Green Power y tienes toda la información aquí (con tus ideas locas veggie puedes ganar, además, un descuento en uno de mis servicios y mi libro digital “Detoxifícate”, lleno de recetas vegetales).

Voy a darte un empujón con mis ideas verdes. A ver qué te parece:

Zumos: en tus zumos verdes, ya sabes, con tres verduras por una fruta (aquí expliqué cómo hacer un zumo verde perfecto). Una forma facilísima de ingerir más verde.

Batidos: lo mismo. Añade hojas de col a tu batido, por ejemplo, y además de antioxidantes y micronutrientes ingerirás más fibra.

Tortillas: me encantan las tortillas entre otras cosas por su versatilidad. ¡Hazlas de lo que se te ocurra! Espárragos, ajetes, kale, escalibada…

Revuelto: lo mismo. Imagina un revuelto esponjoso y jugoso de setas y puerro…mmm…

Ensaladas: inventa ensaladas diferentes cada día. Si te falta práctica, ves anotándolas en una libretita, porque tenemos tendencia a hacer siempre la misma: abrir la nevera, a ver qué le pongo, y acabar haciéndola siempre igual. No, piensa qué ensalada quieres y hazla tal cual. Ensalada de tomate y aguacate, espaguetis de calabacín, kale love salad, gazpachos…

Horno: las verduras al horno son una delicia. Alcachofas al horno, escalibada, calabacín gratinado…

Pochar: una guarnición muy recurrida en mi casa es la cebolla pochada. Le da ese calor y toque dulce y suave a los platos fuertes que alimenta no solo el cuerpo sino también mi alma. Ahí déjame hacerte un inciso: si tras comer tienes ansia de dulce, prueba de hacer más dulce tu menú, cocinando con cariño, y añadiendo dulzor a tus platos, tal como la cebolla pochada, o fruta en la ensalada, pasas en los arroces, etc.

 

vegetales

Patés: nada es más fácil que hacerte tus propios patés vegetales. ¿Mi preferido? El de alcachofa. Hierve corazones de alcachofa, escurre y tritura con aceite, sal y pimienta. Listo. Pero puedes hacer de pimiento rojo, de calabacín, de berenjena, etc. Es una forma fácil de vegetalizar tus bocadillos o de servirlos en tu aperitivo.

Empanadas y pizzas: ¿quién dice que una pizza no puede ser saludable? Con espinacas, puerro, brócoli, champiñones…

Quiche y otras masas: cualquier masa de hojaldre o quebrada puedes sanearla con tonos verdes, rojos y amarillos.

Woks: una de las formas que más me gusta de comer verdura es cortada a bastoncitos y saltearla en aceite de coco en un wok. Queda crujiente, sabrosa y absolutamente apetecible.

Estofados: en meses fríos, nada como un buen estofado. Aprovecha para hacerlo con una buena base de sofrito con mucho vegetal, y trozos de calabaza, calabacín, guisantes….

Cremas: fácil y sin complicaciones. ¿Mis preferidas? De shitake, de cebolla, de champiñones, de calabaza y manzana, y de calabacín. Bueno, ¡y muchas más!

Rebozadas: es el tipo de cocción menos recomendable, pero de vez en cuando, gusta. En casa les chifan los libritos de berenjena: cortas las berenjenas con una mandolina y pones en sal, para que llore un rato. Montas un librito de 2 berenjenas y un trocito de queso en el interior, rebozas con huevo y pan rallado y fríes. Repito, rebozado y frito para nada es recomendable, pero es una forma de comer verdura a tener en cuenta cuando otras opciones no gustan.

Deshidratadas / chips: ya sea en horno convencional (aquí te mostré cómo hacer chips de kale) como en una deshidratadora, las hortalizas, frutas y verduras deshidratadas suponen no sólo un snack muy saludable sino un toque especial en una ensalada, para coronar un plato de arroz o cereales, o como picatostes originales en una crema.

Ahora ya no tienes excusa porque, como ves, hay muchísimas opciones para incluir vegetales a lo largo del día. Prueba, testea, inventa, y participa en el concurso Green Power: ganarás salud, me ayudarás a que otras personas coman más verde, y vamos a disfrutar del poder, de la energía y de la vitalidad que nos aportan nuestros platos verdes. Espero que, aunque haya puesto un título espantoso a este artículo, haya conseguido llamar tu atención para que lo leas y tengas unas cuantas ideas y ganas de aumentar tu ingesta de vegetales: ¡come más vegetales!

Dime, ¿alguna idea te ha sorprendido? Si tienes alguna más en mente, compártela en comentarios. ¡A por tu Green Power!

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Todo sobre los germinados: qué, cómo y cuándo

Me impresiono sumamente ante todo lo que nos brinda la Naturaleza. Estamos rodeados de pequeños milagros y realmente no nos damos cuenta. ¿No es un milagro maravilloso que de una minúscula semillita pueda brotar una planta? Cada vez que germino semillas, no puedo evitar pensar en los milagros de la vida. Llámame romántica o ñoña… pero me impresiona soberanamente el poder de la Naturaleza.

Y en esas estoy, brindándote la fórmula perfecta para que puedas disfrutar de uno de esos pequeños milagros: los germinados.

 

¿Qué son los germinados?

Son semillas que iniciaron el proceso de creación de una nueva planta. Se consideran alimentos vivos, crudos, y por lo tanto, de gran poder vital. Añadir germinados a tu dieta hará que ingieras más nutrientes. Son ideales en un contexto detox y excelentes revitalizantes del aparato digestivo. Una ración de germinados te aporta una gran dosis de proteína vegetal, enzimas digestivas, oligoelementos, vitaminas y minerales.

Escúchame, conviene que añadas este súper alimento a tu dieta. ¡Es una excelente manera de obtener más vitalidad y cuidar tu aparato digestivo!

Mi método (hasta el momento)

Hace años que consumimos en casa semillas germinadas, aunque de hecho, nunca he tenido germinador. Me acostumbré a germinar “a mano”, con un tarro de cristal, un bol, una gasa y una goma elástica. Se trata de dejar las semillas en remojo unas horas. Escurrir y tapar con la gasa. Dejar reposando las semillas húmedas colocando el tarro hacia abajo y en diagonal. Cada día, remojar un par de veces y repetir la operación. En 3-4 días tienes tus semillas germinadas. No es difícil, para nada. Tan sólo requiere de constancia y cuidado.

Si tienes hijos en casa, germinar es algo bonito para compartir y hacer con ellos. Además de descubrir la “magia” de la Naturaleza, al “hacerlo ellos” es más probable que les guste luego comer esas pequeñas semillitas germinadas. ¡Y a ti te encantará que las coman por su gran poder nutricional!

Este gráfico ilustra “mi método”, que dibujó Imma Mestre para mi libro digital Detoxifícate. He rescatado la ilustración porque creo que es la forma más fácil de que entiendas cómo lo hago…

germinados

También puedes comprarte un germinador, que viene a ser lo mismo que mi método casero, pero en bonito. Es decir, un germinador suele ser un tarro de cristal que incluye un soporte para mantenerlo inclinado e invertido. En Conasi puedes encontrar una gran variedad de germinadores desde 12 €.

 

Las bolsitas Pep Up Life

Y ahora sí déjame que alucine contigo por el descubrimiento que hice hace unos días… De verdad que desde que descubrí estas bolsitas mi método ¡se ha ido con viento fresco!

Pep Up Life son unas bolsitas de almidón de maíz, de unos 60 gr de peso, con las semillas a germinar ya dentro de la bolsa cerrada. No necesitas germinador ni invento casero ninguno. Es tan fácil como dejar la bolsita en remojo toda la noche. Por la mañana, la escurres y la dejas en el bol vacío. Repites el paso de remojar y escurrir un par de veces al día… y en 2 días tienes tus semillas germinadas. Puedes encontrarlas en Conasi por unos 3€ la cajita (dentro van 4 bolsas), y hay 4 variedades de semillas: de alfalfa, de mungo, y 2 mix, todas ellas, ecológicas.

Desde luego que este para mí ha sido un grato descubrimiento y te invito a que lo pruebes:

1- Incluye germinados en tu dieta. Tu salud lo notará. Es una magnífica forma de enriquecer tu día a día con alimentos vitales y de gran poder nutricional

2- Si ya lo haces, prueba estas bolsitas… ¡te enamorarán! No hay forma más fácil de germinar. No sé si has comprado alguna vez germinados ya hechos: yo creo que son un fiasco. Ni saben igual, ni tienen la misma energía vital, pues llevan tiempo germinados dentro del plástico, ahogándose… ¡y siempre tengo que tirar unos pocos que se pudren!

germinados
germinados
germinados

¿Cómo como germinados?

Incluir germinados en tu alimentación es facilísimo porque ¡puedes tomarlos donde sea! Los pongas donde los pongas, enriquecerán un 200% ese plato: en ensaladas, en woks de cereales, en bocadillos (déjame recomendarte la combinación de hummus o hummus de aguacate con germinados de alfalfa), en zumos verdes, coronando hamburguesas, como toppings… ¡Donde se te ocurra!

Y para que te animes y te sea más fácil probar estas bolsitas milagrosas, te dejo mi cupón de Conasi… ¿Te he dicho ya que son un milagro super nutritivo?

Me encantará saber tu experiencia con los germinados. Si germinas, cómo lo haces. Si lo haces con tus hijos y si les gustan los germinados. Si no lo has hecho nunca y te animas a probar estas bolsitas…. ¡Cuéntame tu historia con los germinados y alucina con este milagro natural!

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Lo que siempre quisiste saber sobre el desayuno… y nunca te contaron

Lo que siempre quisiste saber sobre el desayuno… y nunca te contaron

El desayuno de los campeones.

Imagino que recuerdas el anuncio del que te hablo. ¿De verdad la primera ingesta del día de un campeón es un producto cuyo ingrediente principal es el azúcar? Este tema es uno sobre los que más preguntas recibo, así que, hablemos del desayuno:

Dicen de él que es la ingesta más importante del día. Y debe de serlo, puesto que es la comida que más normas inquebrantables tiene. Puedo quitar los cereales en la cena; recomendar empezar la comida de mediodía con una ensalada; lo que sea será bien aceptado. ¡Pero por Dios, que no os quite el café con leche de la mañana, las tostadas o cualquier otra de vuestras costumbres matutinas! El desayuno es el hábito más arraigado en nuestro día a día, y el que más dudas y problemas plantea en una de mis sesiones de coaching nutricional.

Vayamos por partes:

¿Es el desayuno la comida más importante del día?

Pues no. Para nada. Así que, si eres de las que te levantas antes que cante el gallo, y tienes que salir de casa a las 6 de la mañana sin tiempo para desayunar, no te preocupes que no te vas a desmayar de camino al trabajo. Puedes salir de casa sin desayunar. Pruébalo, anda. ¿Ves?

La mayoría de estudios que relacionan el desayuno con un mayor rendimiento escolar, o con el alta/baja tasa de obesidad, por ejemplo, son observacionales. Es decir, generalmente los padres que dan un desayuno equilibrado a sus hijos antes de ir al colegio suelen ser familias de un nivel socio-económico alto o medio, y que se preocupan por la alimentación de sus hijos. De manera que el buen rendimiento escolar, puede deberse a otros muchos factores como el interés de que estudien, la elección de las actividades extraescolares, y del entorno en el que viven. Pero no hay ninguna relación causa-efecto sobre el desayuno matutino y el rendimiento académico.

 

desayuno

Alimentos “de desayuno”

Esa falacia sí que me hace gracia: que exista en el mercado cosas “de desayuno”. Cereales de desayuno. Zumo de desayuno. Galletas de desayuno…. ¡Incluso leche de desayuno (creo que la llaman algo así como “mañanas ligeras”)! ¿En qué momento la naturaleza nos dio alimentos para una hora concreta del día?

Y es que nos lo hemos creído tanto, que todos, absolutamente todos, creemos conocer la fórmula del desayuno perfecto: leche – fruta – cereales. ¿A que sí? Nadie se sorprende si decimos que desayunamos cada día un bol de cereales de desayuno, aunque estén repletos de azúcar, harinas refinadas, y pocos nutrientes. Esos, bañados en una leche de muy dudosa calidad nutricional, y un zumo envasado, que aunque en realidad sea un líquido azucarado que no nos aporta otra cosa que glucosa y calorías vacías, nos limpia la conciencia al interpretarlo como “fruta”. En cambio, si contamos que desayunamos una ensalada y unos huevos, aunque obviamente son alimentos mucho más saludables, ¿qué comentarios crees que recibiríamos? Como mínimo, caras de asombro.

Nos hemos dejado engañar por los eslóganes publicitarios y vemos como normal y muy aceptable romper el ayuno con algo de bollería. Y así, como hemos desayunado, ya hemos cumplido. Pues déjame decirte que, antes de optar por este tipo de desayuno, mejor ayuna. Si el desayuno es realmente la ingesta más importante del día, ¿por qué lo llenamos de opciones tan poco saludables?

¿Qué desayunar entonces?

Lo que quieras, mientras sean opciones sanas. Lo que siempre digo: elige alimentos, y no productos. (Creo que esta frase la he escrito en todas mis entradas. Igual podría ser mi eslogan…).

 

  1. Desayuna cuando tengas hambre. Si sales de casa a las 7 de la mañana con el estómago cerrado, no comas. Si a la hora del desayuno en el trabajo son las 9 y tienes más sed que hambre, o no te entra un gran desayuno, no comas. Es decir, si a las 2 horas vuelves a tener hambre, a las 9 o has comido poco, o eso no era hambre de verdad.
  2. No es cierto que necesites desayunar para obtener energía. La energía debe provenir de tu cuerpo, no depender de algo fugaz que en media hora estará digerido. ¿De verdad le vas a dar ese poder a un cruasán?
  3. Desde el punto de vista nutricional, puedes desayunar lo que quieras siempre y cuando haya una coherencia con respecto al resto de nuestras ingestas. Desde luego, mucha mejor elección son los huevos o alubias británicas que el bol de azúcar en forma de cereales o de galletas que comemos los españoles.

Mis opciones preferidas:

Mi primera elección suele ser un zumo verde. Me gustó tanto cuando empecé con él, que día tras día se ha convertido en un hábito. Me lo tomo después de volver de nadar, cuando de hecho, hace horas que me he levantado. Mi zumo se convierte en un gran vaso de antioxidantes, minerales, vitaminas y oligoelementos que me devuelven toda la hidratación y vitalidad para una mañana llena de actividad.

Luego suelo desayunar algo de proteína acompañada de vegetales. Eso es, casi siempre, huevos camperos no-fritos, escaldados o revueltos, con verdura que me sobró de la noche anterior, o algo de fruta.

A veces, cuando estoy más caprichosa, me preparo un pudding de chía. Eso siempre que por la noche me haya acordado de poner las semillas en remojo… Por la mañana las mezclo con kéfir o yogur de cabra o de coco, y las enriquezco con trocitos de fruta y frutos secos.

Y los domingos, que suelo desayunar a horas intempestivas y casi se me junta con la comida, me preparo un plato colorista con todas las frutas que pillo en la cocina, a modo de una rica macedonia que espolvoreo con coco rallado, canela o vainilla.

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Eso sí, entre semana yo desayuno en casa y muy tarde, cuando tengo HAMBRE. Y “hambre” así en mayúsculas. Porque mi trabajo así me lo permite, y bajo mi techo tengo mi hogar, mi oficina y hasta mi gimnasio. Pero si tu única opción es un bocadillo porque te es lo más práctico para llevarte, apunta:

 

  1. Escoge pan de larga fermentación y con levadura madre.
  2. El relleno suele ser proteico, así que las mejores opciones son: huevo duro, tortilla, jamón ibérico, sardinas en lata, caballa en conserva o, por qué no, restos de la cena del día anterior.
  3. Ahora que lo tienes más o menos listo, embadúrnalo de todos los vegetales que puedas: unta el pan con aguacate, o corta el mismo a trocitos; lechuga, canónigos, rúcula y hojas varias; zanahoria rallada; patés vegetales (el de alcachofa, me chifla); rodajas de tomate; germinados… ¡Abre la nevera y busca opciones!

 

El desayuno no tiene por qué regirse por normas diferentes a las del resto de las ingetas. Y por los horarios laborales habituales, tiene que serte cómodo de preparar, y lo mismo puede ser fugaz que el desayuno de un rey. Busca cuál es tu mejor opción, pero recuerda siempre que es mejor no desayunar, a escoger productos de baja calidad nutricional.

 

¿Qué sueles desayunar tú? Si necesitas alguna idea o la receta de algo que haya explicado en el artículo, ¡pídemela en comentarios! O ponte en contacto conmigo si deseas un servicio más profundo y personalizado.

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Video-receta: caballa en escabeche

Video-receta: caballa en escabeche

Escabeche saludable, sin harinas ni fritos

Recuerdo de mi niñez: yo haciendo deberes en mi habitación, con los posters de Madonna y Kylie Minogue en las paredes, y la música de los 40 sonando flojito, y de pronto, empezar a notar un pestazo avinagrado que iba invadiendo toda la casa, y mi concentración, incluida. A mi padre le gusta la sardina o caballa en escabeche, y semana sí, semana también, mi madre, después de trabajar, dale que te pego con el envinagrado.

Quién me iba a decir a mí, que con estos recuerdos yo iba a amar tanto una técnica culinaria como esta. Porque así es: la amo. Es un recurso súper interesante y además, fantástico para tener en la nevera y ¡ups! toca improvisar: caballa en escabeche, sin harinas y sin fritos.

La técnica del escabechado surgió como método de conservación. Básicamente el pescado, generalmente azul, se enharinaba, se freía y se dejaba cocinar en vinagre para que éste último ejerciera su labor de conservante. Todas nuestras abuelas (y algunas madres) escabechaban… y pocas de nosotras lo hacemos hoy. Y es que, ¿existe un escabeche sano? Pues sí, fíjate tú, el que ahora mismo te voy a explicar.

Antes de empezar te voy a recordar la necesidad de tomar cada día omega 3, las ya populares “grasas buenas“. El problema de estas grasas es su fuente principal se encuentra en pescados azules muy grandes, tales como salmón o atún. Estos pescados, acumulan muchísimo mercurio y metales pesados que vagabundean por todos nuestros mares. Así que, ¿qué hacemos, comemos pescado azul porque tiene omega 3, o no lo comemos porque llevan mercurio? Si es que el mundo es un lío en sí mismo, y con tanta información gratuita ya no sabe una a qué atenerse…

Pues te presento mi solución para poder tomar tu dosis diaria de omega 3 sin atentar contra la integridad de tu sistema inmunológico: toma pescado pequeño, como caballa, sardina, boquerón… Yo tengo siempre en la nevera algún pescado escabechado o puesto en vinagre. De este modo, puedo enriquecer mis ensaladas y verduras con omega 3 de primerísima calidad siempre que me apetezca.

Caballa en escabeche:

En este caso este escabeche no ha sufrido las altas temperaturas de una fritada, de manera que sus grasas se mantienen prácticamente íntegras. Se trata de una cocción suave sobre pochado de verduras para evitar el exceso de aceite y el uso de harina.

¿Que si está bueno? No: está re-bueno. Vas a querer tener siempre en la nevera. Y por supuesto, yo lo he hecho con caballa porque el pescadero la tenía fresquísima, pero puedes hacer lo mismo con sardina, por ejemplo.

Ingredientes:

1 quilo de caballa que el pescadero nos habrá dejado a filetes,1 cebolla grande, 3 dientes de ajo, 2 zanahorias, 3 hojas de laurel, 2-3 c.s. de tomate natural triturado (o 3 tomates maduros), 1 rodajita de jengibre, la piel de 1 limón, 1 vaso de vinagre de manzana, AOVE.

Pocha las verduras y cuece encima el pescado, tal como muestra el vídeo: con paciencia y mucho amor.

Una vez terminado el escabeche, deja que se enfríe completamente y puedes guardarlo en la nevera tapado en film transparente o en un recipiente con tapa de cristal. Te dura, si no te la acabas antes, una semana en la nevera. Puedes combinarla con una ensalada y patata fría, por ejemplo. E incluso puedes utilizar esta misma técnica para cocinar pollo u otro carne o pescado. Es fácil y sano.

Mi madre ni se entera que yo hago escabeche ahora, pero mis hijos los pobres sufren el pestazo de vinagre mientras hacen sus deberes. La historia, aunque versionada, se repite…

 

¿Te animas a escabechar?

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Y como mi sopa de cebolla anti gripe es, para sorpresa mía el post y vídeo que más usuarios ha tenido por el momento, y el único que ha sido compartido en otros blogs de cocina… (de verdad, que no esperaba que algo tan sencillo tuviera el alcance que tiene) he pensado en compartir contigo 4 sopas más. De invierno, que son las que apetecen.

Sopa de coliflor

Saltea 6 ajos pelados, y cuando estén dorados, añade 2 tomates maduros rallados. Una vez hecho el sofrito, echa 2 litros de agua, ramitas de coliflor, 2 patatas cortadas a cubos, comino y sal marina sin refinar. Deja cocinar una media hora y adereza con perejil picado. Puedes servir así o triturar.

Esta sopa es saciante y ligera. El comino, además de darle un toque especiado, te ayudará a digerir bien la coliflor y que no te produzca gases. El ajo como antibiótico, el antioxidante licopeno del tomate y el contenido en vitamina C del perejil fresco picado, convierten a esta sopa en una gran ayuda invernal.

sopas invierno

Sopa protectora

Protectora ante todo de tus mucosas por su alto contenido en betacaroteno, que salta a la vista por el color naranja de la misma. Se limpian y pelan 300 gr de boniato, 200 gr de calabaza, 150 gr de zanahoria y 150 gr de puerro. Trocea y cuece media hora en 1/2 litro de agua, y tritura. Añade 100 ml de leche de arroz o leche de coco, jengibre en polvo y sal marina sin refinar. Exótica, ligeramente picante para entrar en calor y absolutamente deliciosa.

Sopa real

Como si te dispusieras a hacer un caldo, lava y trocea 2 puerros, 2 zanahorias, 1 nabo, 1 cebolla y 1 rama de apio. Hierve durante 1/2 hora en 1’5 litros de agua junto con 2 ajos, 2 clavos de olor, pimentón dulce de la Vera y sal marina sin refinar. Mientras tanto, cuece 2 huevos. Antes de servir, cuela el caldo, ralla las yemas de huevo, pica las claras y espolvorea con perejil fresco picado. Deja hervir todo junto de nuevo un minuto.

Ideal para cuando llegas a casa muerta de frío, es un consomé ligero, aromático y muy nutritivo.

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Sopa juliana

La juliana de toda la vida. Me encanta. Coge todas las verduras que tengas: 2 zanahorias, 1 rama de apio, 1 patata, 1 cebolla y 2 hojas de col, y mientras pones agua a hervir, lava y pica las hortalizas a bastoncitos. Pon a hervir 10 minutos. Adereza con un chorrito de AOVE y una pizca de sal marina. Deja reposar unos minutos más antes de servir.

Simple, rápida y depurativa, sobre todo por el contenido en potasio y antioxidantes azufrados de la col.

Y es que, ya me lo decía mi abuelo, venga nieve o no (que parece que al final, al menos donde yo vivo nos hemos quedado sin tejados blancos), el frío nos indica que es tiempo de sopa… Así que este es mi consejo de hoy: ponte tu devantal, cocina, una a una (no todas el mismo día, obvio) estas cuatro maravillas, ¡e incluso customízalas a tu gusto! Obsérvalas, huélelas y degústalas tranquilamente a la vera de tu chimenea o tu zona de confort de tu hogar. Estas sopas alimentan tu cuerpo y tu mente.. Con estas 4 opciones, ¡incluso Mafalda se hizo fan de la cuchara!

 

¿Has probado alguno de estos brevajes? ¿Qué sopa es tu preferida?