5 mitos nutricionales que te enferman

5 mitos nutricionales que te enferman

O te engordan, o te hacen ir mal…

Alguna vez ya te he contado que en algunas cosas, la hemos cagado. Con tanto nutricionismo y tanta estrechez de miras, hemos sentenciado y llegado a conclusiones erróneas. Lo peor, es que estas conclusiones y mitos, están tan extendidos entre la población que cuesta corregirlos. Lo mejor, es que aquí estamos unos cuantos nutricionistas dispuestos a todo para mostrarte la verdad.

Y como más de una persona pensará que todo esto es un lío, que cada uno dice sus teorías (lógico), no hablo yo: hablan los muchísimos estudios que, a día de hoy, demuestran que esos mitos son, sólo eso, mitos. Si te los quieren colar los anuncios de la TV, ya sabes qué es: publicidad e interés comercial. Si te los cuela tu médico de cabecera, que sepas que poca nutrición hacen los médicos en su carrera, pues no es de su competencia. Y si es tu nutricionista, eso sí es grave… dile que por favor, se actualice, se recicle y lea un poco más.

Mito 1: La base de nuestra alimentación mediterránea son los cereales

¡Ni hablar del peluquín! Jamás nuestra dieta se ha basado en los cereales… menos ahora, claro. Es indignante que un grupo de alimentos al que se lo relaciona con tantas enfermedades, pretenda ser nuestra base.

La recopilación científica de Whole Grains Council, cuyos estudios intentan demostrar la relación directa que hay entre la ingesta de cereales y la mejora en la salud, concluye que ninguno de sus estudios ha durado más de 3 meses. Poco se puede deducir  cuando hablamos de dieta y alimentación, en estudios tan cortos en el tiempo.

Seguramente la herramienta más potente que se ha creado para difundir mensajes con tanto interés comercial es la famosa pirámide alimentaria. Sobre este mito, hay 2 posibles teorías:

Existe la teoría que la primera pirámide de los alimentos apareció en los años 60, ante una necesidad, por parte del gremio de agricultores de EEUU de ofrecer sus excedentes de producto. Ahí aparece el Sr. Kellog’s y sus descendientes. Cierto es que la economía del país dependió en gran parte de las ventas de cereales de este gremio.

La teoría europea muestra algo similar: en los años 60 en Europa, y tras vivir años de penúria y miseria postguerra, se intentó potenciar aquél grupo de alimentos más barato y menos perecedero para poder alimentar a la población.

Sea cuál sea el origen, lo que está claro es que la pirámide no es fruto de ninguna sociedad nutricional, médica o sanitaria.

A modo de chiste, démonos un respiro… ¡Dale al play!:

Mito 2: Tienes que comer 5 veces al día

La recomendación de hacer cinco ingestas diarias está muy desmontada ya por diferentes estudios (artículo) y es que jamás de los jamases en la historia de la Humanidad se ha comido tanta cantidad y con tanta frecuencia. Una razón de peso es porque nunca habíamos tenido tanta opulencia alimentaria. El mito en cuestión ya se va desmontando, menos mal (aquí).

Una vez más vimos el tema en cuestión con la lupa del reduccionismo nutricional, y la pauta de comer 5 veces al día únicamente se basó en un supuesto de fisiología: evitar subidas de glucosa sanguínea repartiendo la ingesta durante el día. Obviamente nuestro organismo es mucho más que glucosa.

Mito 3: Necesitas X para estar sano

O sea, crear necesidades específicas. Aquí es donde la industria alimentaria se pone las botas y ha creado necesidades de la nada, jugando con el nutricionismo y la ignoracia de la población general. Juega con nuestro buen corazón y buenas intenciones y, ¡ale, nos hace creer que necesitamos esto o aquello! Menudo mito…

Me explico: ¿Crees de verdad que tu hijo de 6 meses necesitas “Mi Primer Danone” y no puede digerir un yogur natural? ¿Crees que tu marido que tiene el colesterol alto necesita Danacol para mejorar su perfil lipídico? ¿crees que necesitas esa maravillosa barrita energética para rendir mejor en el gimnasio? ¿o recuperarte de tu entreno? ¿De verdad no vas a poder perder peso si tomas un yogur natural en lugar de un Vitalínea? Pongo los ejemplos en los productos lácteos porque es donde lo veo todo más exagerado. Pero donde se me ponen los pelos de punta, ¡menuda barbaridad!, es en los productos destinados a la población infantil.

Esto es feo de verdad. Porque Nestlé, entre otras empresas, sabe obviamente que las mamás lo daremos todo por nuestros hijos. Y claro, una leche o unos cereales que están especialmente diseñados para que nuestros hijos tengan más hierro o crezcan mejor (¿cómo???), cómo no los vamos a comprar? Una leche crecimiento. Unos cereales enriquecidos. Y ¡ojo! lo último: un colacao para bebés. De verdad que no tengo ni fuerza para debatir semejantes barbaridades. Estos productos, todos ellos, son sobre todo ricos en azúcar, pero en cantidades industriales (cómo el etiquetado nutricional nos despista).

A este mito ni caso. De todo ello, no necesitas absolutamente nada. Es más, no deberías tomarlos.

Mito 4: La grasa es mala

Este mito nos da miedo… Bueno, te lo expliqué alguna vez, y alguna otra, pero básicamente, necesitas grasa para estar san@. En este meta-estudio , que es una revisión de las conclusiones de 21 estudios se demuestra que “no hay pruebas que permitan concluir que la grasa saturada esté asociada con un incremento de enfermedad coronaria o mayor riesgo de infarto”. Está más que dicho y aún así, todavía vamos al médico temiendo el colesterol, la grasa saturada y el temible infarto coronario.

Mito 5: el huevo y el colesterol

Come huevos. Que “el huevo lleva colesterol y el colesterol es malo” es algo que todavía tenemos grabado a cal y canto. Y yo, que ya sé que el huevo es en realidad un superalimento (aquí) que no va a hacer que me suba el colesterol, me lo zampo casi cada día básicamente porque me encanta (aquí) y me nutre.

Y no es por nada, pero parece ser que empezar el día con un par de huevos hace que comas menos (estudio) y que pierdas peso (estudio). Ahí queda eso.

Venga cuéntame, ¿cuantos de estos mitos ya has desterrado? ¿Cuál de ellos no puedes olvidar?

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Cómo leer el etiquetado nutricional…

Cómo leer el etiquetado nutricional…

…sin caer en sus trampas.

Porque de hecho, la mayoría no son más que trampas. Este artículo hace mucho tiempo que estaba entre bastidores… Y es que sé que es algo que me preguntas a menudo, que crees que necesitas saber, pero al final, en mis conclusiones, entenderás por qué lo he ido postergando.

La industria alimentaria tiene una finalidad. Y no, no es que estés sana, que te alimentes bien y que tus hijos crezcan felices. La finalidad de la industria alimentaria es ganar dinero. Crearte una necesidad y que inviertas en ella en tu día a día. Una vez entendido esto, entenderás que las etiquetas nutricionales no son mera información, sino un absoluto y gigante reclamo publicitario. Está dentro de la legalidad subrayar, exagerar u omitir cierta información. Y todo ello para que compres.

Según algunos estudios, parece ser que, después de estar unos años con el etiquetado nutricional, la decisión de compra en el hogar español no ha mejorado en absoluto. Así que… ¿qué decir sobre el etiquetado nutricional?

Partes de la etiqueta:

En un envoltorio cualquiera de un producto alimentario nos encontramos con 3 partes destacadas en cuanto a información nutricional ser refiere:

  1. El reclamo publicitario o promesa. Con esto me refiero a esa palabra en grande y colorida que yo llamo el “reclamo para principiantes”. NI LO LEAS. Palabras como “Bio”, “Sin gluten”, “Light”, “Rico en calcio” y mil memeces más, que la mayoría de las veces son medias verdades o tomaduras de pelo absolutas. O sea, que un queso lleve como reclamo “sin gluten” es… pues eso, una tomadura de pelo! El queso no debería de llevar nunca gluten! Suelen ser reclamos para hacernos creer que el producto en cuestión es más sano, más nutritivo o menos calórico.
  2. El análisis nutricional. Que cuenta lo que no es taaaan importante. Que me diga las calorías no me interesa mucho, la verdad. Si me dice las grasas, pero me mete en el mismo saco las saturadas, las monoinsaturadas y las hidrogenadas, tampoco me sirve para nada. Y si me informa de la cantidad de calcio del producto, está demostrado que el consumidor sólo por el hecho de que aparezca la palabra “calcio”, ya lo interpreta como algo bueno… sin ni siquiera leer la cantidad que lleva.
  3. Los ingredientes. Es lo único que tienes que leer. Los ingredientes de un producto aparecen en orden de mayor a menor cantidad. Así que si de primero ves agua, azúcar, grasa de palma… ya no sigas leyendo. El truqui en este apartado es que nos meten tal cantidad de ingredientes, y con unas letritas tan chiquitas, que es un auténtico horror leerlas.

 

Triquiñuelas:

Vamos a llamarlas así, porque aunque se amparan bajo una legislación muy débil, el objetivo es engañarte. Así que vamos a ver cómo lo consiguen:

Sobre el azúcar, ya sabes que es malo (concluyendo mucho), así que lo camuflan con otros nombres como fructosa, dextrosa, glucosa, lactosa, galactosa (todo lo terminado en -osa es azúcar), maltodextrina, melaza, jarabe de maíz, jarabe de maíz de alta fructosa, azúcar invertido (huye de este a toda costa), jarabe de arce, almíbar, jugo de caña, etc.

La información suele aparecer por 100 gramos o mililitros de producto. Esto es una estrategia simple pero muy efectiva: la mayoría de compradores no va a ponerse a calcular cuánto ingerirá realmente de ese producto si la ración son 250 mg y la información aparece en 100 mg.

El “sin azúcar” en realidad esconde un “alto en edulcorantes chungos”. ¡Lo light y bajo en azúcar es tremendamente insano!

Enriquecer o vender una bondad para esconder un error. Típico en los cereales y galletas de desayuno, sobre todo los destinados a los niños. (No le des esas porquerías a tu hijo). En este caso, la etiqueta anuncia que son energéticos, ricos en hierro, favorecen el crecimiento, etc. Pero gira el paquete, gira… ¿has visto la cantidad de azúcar que llevan? Eso, obviamente, anulan todas las posibles bondades que pudiera tener el producto. Personalmente no entiendo cómo esta falta de ética permite a la legislación española vender productos tan nocivos para nuestros hijos.

Quitar la grasa. Y con eso, nos quedamos tan anchos y pensamos que es mejor, más sano. Si quitan algo, grasa en este caso, deben meterle otra cosa… Ejemplo: un yogur natural lleva leche y fermentos. Punto. Un yogur desnatado lleva leche desnatada pasteurizada de vaca, jarabe (maltodextrina, almidón modificado, saborizante idéntico al natural, sucralosa y acesulfame K, sorbato de potasio, ácido láctico, ácido cítrico, simeticona, citrato de sodio), crema pasteurizada de vaca, sólidos de leche, almidón modificado y cultivos lácteos. Sanísimo, vamos…

Conclusiones y consejos:

La mejor conclusión a la que puedo llevar es que comas comida, y no productos. Pero voy a mojarme un pelín más:

  • Los productos sanos no llevan etiqueta. No la necesitan.
  • La etiqueta “bajo en”, “bio” y todas las que he comentado, no son sinónimo de producto sano.
  • Toda la comida basura añade frases para confundir al consumidor. Y se limpia la consciencia bajo la típica frasecilla minúscula “consumir con moderación, en el marco de una dieta equilibrada”. Y se quedan tan anchos! ¡Si hasta el envase de los Cheetos tiene la pirámide nutricional y se pueden consumir “con moderación”!
  • El producto original siempre es mejor que su versión mejorada (mejor un yogur que uno light, enriquecido, para ir de vientre, para crecer o lo que sea).
  • Total: come alimentos, comida real, que no necesite etiqueta. Muchas frutas y verduras, alimentos frescos… Y si algún día te apetece un producto elaborado, tómatelo, pero a sabiendas que es un producto con poco o nulo interés nutricional.
¿Lees las etiquetas antes de comprar? ¿Crees que esto influye en tu decisión final?

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¿Caos en la cocina? Apúntate al Batch Cooking

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El caos

Esta es la historia de dos amigas del alma, Ana y Rocío, que descubrieron juntas el Batch Cooking. Las dos compartían muchos gustos, aventuras y… su gran preocupación: su caos en la cocina. Eran listas, inteligentes y les gustaba cuidarse. Fíjate tú, que una de ellas, Ana, incluso hace años hizo un curso de nutrición en formato online. Y es que ambas sabían de la importancia de responsabilizarse de su salud, y claro, necesitaban sentir que llevaban todo en orden. También en la cocina.

Ana era una apasionada emprendedora de 38 años. Por encima de su cocina, pasaban reuniones, citas y tareas mil. Y además, no le gustaba mucho cocinar. No tenía tiempo. Y Rocío… ¡ay Rocío! Con casi 40 años, y una familia a la que sustentar, hacía jornada intensiva en su trabajo del que, aunque no era lo suyo, estaba orgullosa y era una trabajadora muy valorada. Rocío no tenía tiempo de ponerse a cocinar cuando llegaba a casa, tan tarde, para comer.

Ambas, Ana y Rocío, querían llevar un estilo de vida sano. Pero todas sus responsabilidades pasaban por encima de sus ganas de comprar y cocinar sano. Vivían un auténtico caos en la cocina.

El descubrimiento: Batch cooking

Un día Ana, que parecía una auténtica antena viviente, siempre buscando información y estando a la última en todo, llamó a Roció para contarle que había leído algo que igual les iba bien: el Batch Cooking.

Rocío flipó, porque cuando su amiga Ana venía con alguna novedad, podía esperarse de ella cualquier locura. Quedaron para tomar una infusión en la nueva healthy cafetería que habían abierto unos conocidos, y hablaron sobre esa técnica que les iba a salvar su caos.

El Batch Cooking, resulta que era algo como para ahorrarte tiempo en la cocina. Básicamente, tenían que buscar un día de la semana, disponer de una mañana o unas 3 horillas, y cocinar mogollón para tener listo entre semana un menú equilibrado. Claro, no se trataba de cocinar a tutti ple lo que les pasara por la cabeza no… había unas “reglas”. Más bien, unas pautas:

Iban a cocinar:

1- Caldo para toda la semana. Este, podían utilizarlo para sopas, para guisos y estofados sustituyendo el agua, y para hacer cremas para las cenas. Hicieron 3 litros de caldo.

2- Pollo eco para 2 días. Un día lo tomarían tal cual, hecho al horno, y el resto formaría parte de un wok tricolor, un arroz o bien una ensalada. El resto de proteínas de la semana serían carnes, pescados y huevos que podían fácilmente cocinar al momento.

 

3- Arroz para 2 veces también. Llegado el momento podían hacer una sopa con el caldo y el arroz, o bien un rissotto o un salteado, y una ensalada o buddha bowl.

4- Una escalivada para tener lista en la nevera como guarnición o que podrían mezclar con el arroz o las legumbres. También si la trituraban podrían hacer un rico paté de escalivada para aliñar ensaladas o acompañar carnes y pescados.

5- Un sofrito de cebolla y ajo que convertiría cualquier “fast food” en una auténtica delicatesen.

6- Patatas y moniatos al horno para recalentar y tomar en cualquier preparación.

7- Limpiaron unas acelgas, lechugas y canónigos para tener listos en la nevera.

Parecía una gran faena, pero bien organizadas, no les llevó más de dos horas y media. Mientras se hacía el caldo y ponían los tubérculos al horno, se pusieron a hacer primero el arroz y luego garbanzos. Les quedaba un fuego libre para hacer el sofrito.

Claro que ni os cuento cómo quedó la cocina… Pero esa fue solo la primera vez. Después de tres intentos, lo llevaban mucho mejor y su dieta mejoró notablemente:

En apenas 15 minutos cada día cogían un par de bases y hacían sus menús en un periquete.

No sé si Ana y Rocío te han tentado mucho con su aventura en la cocina, pero yo de ti me daba una oportunidad para aprender a organizar así tu caos culinario. Y si crees que esta puede ser la solución a tu falta de imaginación y organización en tus menús, cuenta conmigo, que te enseño, en menos semanas de las que te imaginas, a dominar el Batch Cooking o, lo que es lo mismo, distribuir el menú de toda la semana, organizar la lista de la compra y cocinar bueno, bonito y sano.

Y atenta porque en un plis plás te preparo un taller por todo lo alto, con show cooking incluido, para mostrarte los beneficios del Batch Cooking. Y si no quieres esperar al taller, en el Programa Fem Power ya lo estamos aprendiendo todos los dires y diretes de esta técnica que seguro te va a facilitar tu tiempo, tu menú y tu salud.

 

¿Qué me dices, te apuntas al Batch Cooking? ¿Te tienta la idea del taller?

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¿Preparada? Reset & Go

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Reset…el punto cero que estabas esperando

Este invierno he estado en crisis. Yo no sé tú, pero yo me he hartado de que por las redes me dijeran una y otra vez que nos hemos empachado y que en enero haremos un detox. Detox, detox, detox… Esto es un no parar. Ya te conté aquí mi opinión sobre los detox, y estoy de las botellitas y las falsas promesas hasta la coronilla. Quiero un reset.

El problema, amiga mía, no es que hayas comido turrones y polvorones estas Navidades. El problema no son las copas de cava ni los bombones y brindis a ritmo de la zambomba. El problema es que no te cuidas en todo el año. ¡No culpemos más a las Navidades, por favor!!! ¡Que tendríamos que estar hartas de prometernos lo mismo cada enero! Y ¡ojo!, que con eso será que me estoy perjudicando porque, al final, si tú entras en esa rueda, la que se beneficia soy yo, que año tras año te hago una dieta y listo.

Pero no, chica, ni las Navidades nos engordan tanto, ni en enero necesitas un detox.

¿Entonces tu reset no es un detox?

Soy partidaria del ayuno como estrategia nutricional. Los ayunos y semi-ayunos han existido siempre. Pero como todo en esta vida, se le puede hacer un mal o un buen uso. No lo llamo “detox”, sinceramente, porque estoy hasta la chimbamba de la palabreja esta. Y la palabra “reset” implica (al menos en el fuero interno de mis neuronas) que es un comienzo. Implica un tratamiento, una aventura, un “a partir de aquí”… ¿me explico?

Yo puedo prometer y prometo, que tras mi Plan Reset & Go tu vida cambiará. O al menos tu plato.

  • ¿Perderé peso? Sí, obviamente y en función de si tienes o no retención de líquidos, podrás perder entre 2 a 5 quilos.
  • ¿Mejoraré mis digestiones? Sí, el plan supondrá un descanso digestivo a base de comida real, sin harinas, gluten ni azúcares.
  • ¿Estaré más bella? Bueno, seguramente… sí, porque tu piel y tu aspecto mejorará.
  • ¿Tendré más energía? Por supuesto que sí, cuando empieces a seguir el plan y te vayas adaptando, en seguida te sentirás más ligera y con más energía.

Sí, sí y a todo eso, sí. Y lo mejor de todo es que estarás conmigo en todo momento para acompañarte… Bueno, eso no sé si es lo mejor, pero mola. Quizá lo mejor es que al final tendrás una pauta que te servirá como modelo para continuar practicando en una alimentación acorde con tu biología y con tu evolución, centrada en comida y no productos… ¡y disfrutarás comiendo!

¿Cuál es el truco?

Porque… sin truco, no hay trato. El truco es que quieras cambiar. Que te responsabilices de tu salud y tomes el control de una vez por todas. El truco es que te olvides de todos los mitos y chuminadas que corren por ahí y que estés abierta de verdad a aprender a conectar contigo misma. El truco es que esto, aunque dure una semana, no tenga fecha de caducidad. El truco es que pases del concepto “dieta” y empieces a quererte más. El truco es que valores y disfrutes tu día a día.

¿Por qué ahora?

Bueno, en realidad lo he sacado ahora porque el mes pasado muchas que habían hecho el año pasado mi Detox Group me preguntaron por él. El año pasado la verdad es que lo disfruté un montón… ¡porque lo hicimos todos a la vez mediante correos y redes sociales! Funcionó como alguno de los retos que propongo a menudo.

Y nada, que este año pensé no en mejorar, sino en bordarlo… Así que aquí estoy en enero con este planazo. Pero en realidad no necesitas estrenar año ni mes para tener un propósito… El momento es siempre ahora.

¿Qué te parecen los detox y estar a dieta constantemente? Venga, cuéntame… ¿estás tan hartita como yo? ¿Cuál es tu plan para este año?

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Año nuevo, programas nuevos

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Nuevos propósitos de Año Nuevo

No hay momento del año en que tengamos más buenas intenciones que el primero de sus meses. Que si apuntarse al gimnasio, que si dejar de fumar (¿todavía hay gente que fuma?), que si hacer dieta… Aix, ¡los buenos propósitos! Yo hace tiempo que estoy trabajando para mejorar nuevos y más completos programas y, en vistas de las fechas en que estamos, aprovecho para lanzarlos ahora, para estrenar el año y degustarlos a lo largo de sus deliciosos 12 meses.

Y es que “renovarse o morir” es uno de mis pensamientos más recurrentes. La teoría y el estudio es básico, y el conocimiento muy importante, pero la práctica y la experiencia, es lo que te hace único. Tras casi 15 años pasando consulta tú me has enseñado lo que funciona y lo que no; me has dado las herramientas para saber cómo conectar contigo, y hasta dónde puedo llegar. Has sido tú la que me has regalado todo ese conocimiento práctico y esa sabiduría, mientras me contabas tus preocupaciones y necesidades. De ese modo nacen mis nuevos programas de coaching nutricional.

Programa Beauty & Happy:

Dedicado a ti, que últimamente tienes la autoestima algo bajota…, que estás cansada de ir de dieta a dieta, te sobran unos quilos, y sobre todo, quieres recuperar tu felicidad. Beauty & Happy.

Es el caso más repetido en mi consulta, no hay muchos quilos a perder pero quizá sí algún malestar digestivo, insomnio u otro síntoma que no acaba de dejarte tranquila. Son sólo 2 meses, pero muy currados, ¡que aquí no hay tiempo que perder!

Programa Fem Power:

El Fem Power és más completo que el Beauty & Happy, para ti, que llevas una casa, una familia y probablemente un trabajo propio… porque necesitas controlarlo todo, saber el por qué de lo que haces y buscas la perfección en todos tus actos. Trabajamos la actividad física y las emociones, pero bajo el gran paraguas de la alimentación: menús prácticos y saludables, no por ello difíciles ni con ingredientes raros… ¡que tampoco tienes mucho tiempo para cocinar!

Cuatro meses para aprender qué comer, cómo gestionar tu compra y tu cocina, escuchar tu cuerpo y tu mente (el estrés últimamente te lleva por el camino de la amargura) y convertir paso a paso todo ese conocimiento en hábitos saludables.

Programa Paleo Vital:

Si hay un preferido entre mis programas, este es sin duda mi “the best”. Descubrí el estilo de vida paleo hace ya 3 años, y lejos de ser una alimentación carnívora y sin sentido, es un estilo de vida que intenta recuperar la humanidad que hay nosotros.

En el programa Paleo Vital trabajamos una alimentación basada en la evidencia científica: mucho vegetal y algo de proteína de alto valor biológico. Ejercicio físico cada día, porque no hay animal sedentario que esté sano (tú y yo tampoco… ¡a moverse!). Descanso reparador. Meditación. Hábitos saludables.

Para empezar…

Si crees que todavía no es tu momento, que no estás preparada para implicarte tanto, puedes empezar con el Plan Reset & Go. Este es facilito, facilito… Y perfecto para que regales o te auto-regales estos Reyes. Porque no sé tú, pero a mi después de tanto empacho navideño lo que me apetece en enero es un reset. Empecemos de cero.

No es un programa propiamante dicho, sino un plan de una semana, con ebook de menús y recetas incluído, para que hagas un punto y a parte y empieces a cuidarte como manda el universo.

Y si nada de esto te cuadra… mi programa más concurrido, el de siempre: te diseño un programa a medida. Tan sólo tenemos una conversación por teléfono o skype, para que puedas contarme tu situación y qué necesitas, y te propongo un plan de acción perfecto para ti.

Anda cuéntame, ¿cuáles serán tus buenos propósitos este año? ¿qué te parecen los programas que te he preparado?

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Todo sobre la dieta paleo

La mala fama No me gusta la palabra "dieta". Ni me gusta que me encasillen en un tipo de alimentación u otro. Pero la mala fama que tiene la Dieta Paleo me hace salir de mi zona de "yo no me meto" y ahora sí, tengo que "mojarme". Porque la Dieta Paleo es lo que más se...

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5 tips de la dieta cetogénica (parte 2)

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Háblame de comida…

La semana pasada te empecé a explicar qué es eso de lo que todo el mundo habla, de la dieta cetogénica (y si no lo leíste, antes de seguir, échale un ojo). Ya viste que casi es la panacea a muchos males… Bueno, hace tiempo que dejé de creer en los milagros, pero la dieta cetogénica, keto o ceto, es realmente una excelente herramienta para muchos nutricionistas.

De el anterior artículo me dejé el quinto tip. Que de hecho, creo que es el más esperado. Así, que, ahí voy:

Tip 5 – Qué como:

La idea es reducir al máximo el consumo de hidratos de carbono e incrementar las grasas. Así, reduciremos pan, cereales, legumbres, frutas… y comeremos más aguacate y aceites. ¿Por qué? El objetivo es hacer que tu combustible sea la grasa (ya te lo he dicho, si no leíste el artículo anterior, no acabarás de entenderlo).

Si una dieta equilibrada acostumbra a tener este aspecto:

  • 55 % HC
  • 20-25 % Pr
  • 20-25 % Gr

En la dieta cetogénica sería algo así:

  • 65-75 % Gr
  • 20 % Pr
  • 15-5 % HC

¿Ves cómo tu principial fuente energética será la grasa? Que esto sea así, supone unos beneficios que te comenté en los tips 1 a 4. ¡Pero cuidadín! Ya te dije que no lo hagas sola, porque si no lo pillas bien, habrá complicaciones, ok? De todas formas, ya te digo que la dieta cetogénica no es un estilo de alimentarse: es un tratamiento puntual. Y en ese caso es genial.

En el plato:

Todo esto se traduce en comer vegetales de bajo contenido en carbohidratos como espinacas, lechuga, brócoli…, grasas buenas como ghee o mantequilla clarificada, aceite de oliva virgen extra, aguacate… y fuentes proteicas como el pescado azul (sardinas, salmón, atún…).

Para que te hagas una idea más clara, un menú cetogénico podría ser:

Desayuno: Aguacate + jamón ibérico + infusión o café

Comida: Endivias con anchoas + salmón a la plancha

Cena: Alcachofas al horno + pinchos de pollo y tomatitos cherry

En mi consulta, donde gran parte de mis clientes son mujeres que no se sienten a gusto con su cuerpo, y quieren arreglar desajustes digestivos u hormonales o mejorar su rendimiento deportivo, es una herramienta que uso a menudo. No mucho tiempo, tan sólo un par de semanas para “activar” el metabolismo y, la verdad, es que estoy encantada con la dieta cetogénica. Repito: no es un estilo de alimentación; pero sí un excelente tratamiento puntual con muchas ventajas.

Cuéntame, ¿has seguido alguna vez una dieta cetogénica?

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