O cómo influyen las emociones en tu alimentación.

 

Llevas todo el día “portándote bien”: has desayunado un zumito de naranja junto con unas tostadas integrales y una loncha de pavo light. A media mañana, cuando tus compañeros de trabajo se saciaban con pastas para acompañar el café, tú saboreabas educadamente una infusión. Al mediodía, ensalada aderezada con zumo de limón, y un pescadito blanco a la plancha. Muy limpio todo. Sin nada de grasa. Mientras preparas la merienda de tus hijos, ya estás temblando… pan de molde con nocilla… uff… Taquicardias te entran al olerlo, disimulando cómo tu boca se llena de saliva. Pero te has portado bien. Todo el día. Y has cumplido perfectamente con tus obligaciones de madre, de trabajadora y de organizadora del hogar.

Por la noche, cuando todos se acuestan, te quedas sola en el sofá viendo la tele. Ya no puedes más. Creo que en la cocina tienes galletas, bombones y helado en el congelador. ¡No me extraña que los pilles!

Es fascinante la relación entre comida y emociones. Cómo lo que comes influye en tus emociones, y lo que piensas y sientes, lo hace en la elección de lo que comes. Entiende que hay una explicación fisiológica en esta relación. Se llama “hormonas”. Y tú tienes el poder de cambiar esa situación. Recuerda las palabras clave que te he explicado en el podcast: ALIMENTACIÓN CONSCIENTE + AUTOCONOCIMIENTO + AMINOÁCIDOS.

 

¿Y tú, sientes lo que comes, o comes lo que sientes?

1 Comentario

  1. Carmen

    Muy interesante el artículo y el podcast! Siempre he querido comer con plena atención, pero luego me pueden las prisas y el ansia viva jajajaja. Probaré tus consejos. Saludo!

    Responder

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